De Torrent a Calderón de la Barca


Mientras la España multinacional, plurilingüe, multirreligiosa, multirracial y totalmente desnortada se muestra alporizada porque los responsables de Ifema retiraron unas fotos de Santiago Sierra, cuyo título -transgresor- intentaba convertir en finísima arte una espantosa mediocridad; y mientras todo el barullo mediático y político aprovecha esta cuestión para montar un funeral por la libertad de expresión, otra ola de indignación recorre Celtiberia porque el presidente del Parlamento de Cataluña le llamó presos políticos a los compañeros que fueron encarcelados por montar una performance genial y transgresora en la que proclamaron la independencia simbólica de un Estado sacado de su manga.

En el caso Torrent, se dice, no hay libertad de expresión que pueda invocarse para mantener correctamente sentados y callados a unos jueces de delicadísima piel que sintieron mancillada su sacrosanta independencia. Y a los españoles se nos pone cara de tontos al vernos obligados a distinguir por qué la libertad de expresión cubre a un pregonero soez, a un cuelgafotos transgresor o a un rapero maleducado, mientras deja con el culo al aire a un poeta independentista que habla de presos políticos, a un charlatán anti vacunas, o a un peligroso depravado que osa distinguir el matrimonio heterosexual del homosexual.

Ya sé que, en un país cuyo principal argumento moral consiste en decir que «no es lo mismo», es posible que esto que acabo de decir tampoco sea lo mismo. Pero déjenme apuntar que, para dar por bueno que esto «no sea lo mismo», es necesario aceptar la solemne estupidez de quienes identifican el arte con la transgresión, lo que, además de generar una patente de corso para llenar de basura nuestros carísimos museos, nos llevaría a la brillante conclusión de que ni la Inmaculada de Murillo ni los fusilamientos de Goya son arte, porque nada transgreden, ni a nadie escandalizan.

Yo acepto y exijo que en Ifema se cuelgue cualquier chorradita si al poeta Torrent se le protege su brillante performance, y si a mí se me permite pensar y decir que entre el matrimonio heterosexual y el homosexual hay algunas diferencias, o que los raperos maleducados nunca pasan de ser raperos maleducados. Porque si la libertad de expresión solo protege lo cutre, lo chabacano, la gilipollez y el desorden, me doy de baja en ella, y, puesto a escoger entre la transgresión rapero-fotográfica o la performance independentista, me quedo con Roger Torrent, lo declaro un genio teatral a la altura de Calderón de la Barca, y pido que el Gobierno le organice un acto de desagravio por la ofensa que le infligieron unos jueces de cristal. Y, aunque no descarto que todo lo que acabo de decir sea erróneo, espero que al menos le quede claro, querido lector, que en España sigue habiendo libertad de expresión para dar y tomar, aunque no la haya solo para dar, o solo para tomar. He dicho.

Yo acepto y exijo que en Ifema se cuelgue cualquier chorradita si a mí se me permite pensar y decir que entre el matrimonio homosexual y el matrimonio heterosexual hay algunas diferencias y que los raperos maleducados nunca pasan de raperos maleducados

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