Miseria intelectual


O nos tomamos en serio el tema de las vacunas, o en breve estaremos como Italia o Francia: enfrentándonos de nuevo a enfermedades casi extinguidas y enterrando gente por enfermedades evitables mediante vacunación. Terrible pero cierto, y no será porque no hemos avisado. Me puedo imaginar a todo el mundo rasgándose las vestiduras cuando esto pase, lamentando la sucesión de pequeños errores previos, el no haber tomado medidas más contundentes antes.

Resulta reconfortante la reacción social, y sobre todo institucional, acontecida en las últimas horas, y que ha llevado a la rectificación y cancelación a tiempo de este último y grotesco ejemplo de propaganda anti-vacunas en A Coruña. Y es que siempre puede ser peor, como el reciente y vergonzante caso de la eurodiputada gallega, que lejos de haber rectificado su lamentable intervención anti-vacunas, se reafirmó en su atentado contra la salud pública a pesar del clamor social. ¿Es consciente de su importante contribución a la noticia que estos días difundía el centro de enfermedades infecciosas europeo (ECDC), lamentando que el sarampión había aumentado un 400 % en Europa solo en el último año?

Lo que la gente cree que mata y lo que de verdad mata a la gente son cosas muy distintas. La ignorancia, y los intereses comerciales del negocio de los anti-vacunas y los que los manipulan, por un lado, y la pasividad, contemplación e hipocresía de la sociedad, por el otro, son ingredientes clave de un problema grave como es la pérdida de la confianza en las vacunas. Si a esto añadimos que estamos en un país con permisividad regulatoria en lo que a la toma de decisiones sobre las vacunas se refiere, y con una salud pública muy fragmentada e insuficientemente enérgica y proactiva en temas de vacunación, es fácil explicar el delicado escenario actual en este tema. En cualquier caso, la miseria intelectual voluntaria no exime a los que la practican de la responsabilidad que conlleva. Ya está bien de «postureo» nihilista, del «todo vale» sin consecuencias de ningún tipo. La vacunación es un derecho del niño, y un bien de todos, y este debería ser el planteamiento inicial. A partir de ahí informar, educar, e incentivar lo correcto.

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