Quitarse las caretas

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Occidente. Carnaval. Benín. Otro carnaval. Muy distintos. La vida es cara o cruz desde que naces. No es lo mismo venir al mundo en Europa y disfrazarte estos días de Spiderman y tener eso que el poeta llamó el paraíso de la infancia. No es lo mismo nacer en Benín, otro tipo de paraíso. Otro tipo de carnaval. Benín en África es uno de los paraísos de la explotación infantil, si es que no es un disparate decirle paraíso a la explotación infantil. Es otro carnaval, atroz. Escucho en la radio testimonios de niños de Benín. Y no doy crédito. El testimonio de una niña: «Mi madre me dejó con su hermana, mi tía. No me daba de comer. No me dejaba ni acercarme a la comida. Un día que pude coger un trozo de pescado, cuando lo estaba comiendo, se dio cuenta y me lo quitó de las manos. Entonces me cogió una de las manos y me metió los dedos en aceite hirviendo. Luego me encerró en un cuarto y me tuvo allí varios días. Los dedos se me pudrían. Hasta que los vecinos me echaron en falta y avisaron a la Policía. La detuvieron y la condenaron a cinco años, pero el marido pagó la fianza y ya salió. Al volver, me dejó otro vez sin comer y encerrada. La Policía se dio cuenta y me salvó». Ahora esta niña está en un centro de acogida de los voluntarios que trabajan allí, algunos españoles. Ahora esta niña quiere ser profesora como los que le están enseñando y tener un futuro. Existe el bien y el mal. Claro que existen. Pero no es lo mismo tener el estómago lleno que no poder comer nada.

Otro testimonio es sobre un niño de cuatro años que fue vendido con esa edad dentro de un saco de arroz para ser explotado como esclavo. Otra niña la encontraron en Nigeria, país fronterizo, trabajando como esclava en una casa. La pobre dijo que estaba en Benín. Que seguía en Benín, cuando estaba en Nigeria, país fronterizo. No sabía ni siquiera que había cambiado de país. Los niños en Benín se buscan la vida en las calles como los de Puerto Príncipe en Haití. Hay otros mundos, pero están en este. Hay otros carnavales que congelan la sonrisa en una mueca. Comparsas y comparsas. Siempre hace falta el humor. Siempre. Pero estos niños de Benín no saben lo que es un disfraz y, por supuesto, tampoco saben lo que es Spiderman. Los únicos superhéroes que conocen son los voluntarios de carne y hueso que entregan su vida o parte de su vida trabajando allí y salvando a algunos de estos pequeños en centros de acogida. A veces el mundo no te da ni la oportunidad.

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