El éxito de los Alcántara


Algún día, cuando se hagan tesis sobre la televisión de hoy, habrá que hacer un análisis profundo sobre el éxito de la familia Alcántara porque son imbatibles; nada consigue tumbarlos ni agotarlos pase lo que pase. Da igual cómo se organicen las tramas, da lo mismo que entren o salgan los personajes, cómo se complique el guion; nos es indiferente en qué época vivan, a quién voten o cómo se vistan, que esa familia es la nuestra. Y queremos seguirla como tal. Esa es, quizás, alguna de las razones por las que un jueves más, de un año cualquiera más, la audiencia sigue disparada. Cuéntame continúa batiendo récords frente a la competencia y frente a sí misma, sin ningún freno, en una carrera imparable no se sabe muy bien hacia dónde. Porque lo que les pase a Antonio y a Merche, lo que les suceda a Carlitos y a Karina, lo que sienta o diga la abuela Herminia nos mueve con la misma intensidad que lo hacía cuando la serie comenzó hace diecinueve temporadas, en el 2001. Así que 332 capítulos después, la única explicación a una audiencia bestial, con más de tres millones de espectadores, tiene que ser esa. Que todos somos Antonio, que todos somos Merche, que todos somos Carlitos, Toni, Inés o María. Nos hemos mimetizado en ellos y queremos seguir ahí, viéndonos en esa metatelevisión que nos cuenta, cada año, cómo nos va la vida. Debe ser eso: el éxito de los Alcántara es nuestro éxito.

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