Japón, Corea y nosotros


En reiterados diagnósticos sobre la situación de los sistemas de pensiones para el horizonte del año 2050 tanto la OCDE como el FMI concluyen con que tres de los países que van a tener mayores desequilibrios van a ser Japón, Corea y España. Tales informes deben suponerse realizados por equipos de analistas altamente cualificados y es por eso por lo que pregunto al lector: ¿Sabe usted que pueden tener en común esos tres países para ser los más amenazados por tal desastre a escala mundial? Son tres países que disfrutan de las mayores esperanzas de vida medias a escala mundial (más de 82 años). De manera que lo que debiera ser un logro de bienestar social y de desarrollo humano, según los expertos se convierte en un problema financiero dramático. Por eso de cuando en vez se deslizan expresiones y declaraciones sobre si los mayores están durando demasiado. Como pensionistas, se entiende. O sea que, al menos, es necesario (o inevitable según tales expertos) que se jubilen más tarde… para que no vivan del sistema de reparto más años. Ya no llega con que hayan trabajado 35 años, ahora deben hacerlo 40. Aunque la economía sea cada vez más productiva y estemos en un sistema de reparto, que no de capitalización. Y es así que la mayor esperanza de vida no se traduce en más tiempo para actividades sociales, aficiones, colaborativas, culturales o familiares, sino en más tiempo de trabajo asalariado. Y con crecientes dificultades para acceder a un trabajo estable para los jóvenes. También comparten esos países el ser economías competitivas por automatización y digitalización, con menos empleos para producir más riqueza. Y claro, un sistema de financiación de las pensiones basado en cotizaciones sobre los salarios en una economía cada vez más 4.0 se desinfla. Pongamos que antes en una oficina bancaria había ocho personas para mover los papeles, ahora tres personas mueven el doble de papeles. PIB e ingresos empresariales son a cada paso mayores, pero las cotizaciones son la tercera parte. Por tal motivo las aportaciones a la Seguridad Social tienen que empezar a nutrirse de cuotas sobre el volumen de valor añadido empresarial que no son salarios. Que es una parte creciente de dicho valor; y que en actividades como las financieras o energéticas es muy superior a la salarial. Solo así en países que han alcanzado una alta esperanza de vida y cuentan con sistemas productivos que han suprimido muchas tareas rutinarias (cuando no insalubres), tales logros sociales podrán disfrutarse como tales. No se traducirán en retrasar la edad de jubilación y en recortes de las pensiones.

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