Pedro Sánchez, el danzante


Yo, pueden creerme, comprendo bien la desesperación de Pedro Sánchez. El renacido dirigente del PSOE toca todas las teclas (moderado y radical de izquierdas, estadista y tajante opositor, españolista y plurinacionalista) y, ni con esa yenka, que debe tenerlo mareado, logra el danzante secretario general atraer a los millones de electores socialistas que emigraron a otras latitudes tras sus dos sucesivas, y desastrosas, candidaturas a la presidencia del Gobierno.

Aunque los bandazos de Pedro Sánchez son ya históricos en todos los campos de la política, en ninguno como en el territorial destaca el líder del PSOE por su falta de seriedad, su flagrante oportunismo y sus oscilantes convicciones, si es que realmente tiene alguna y no se limita a expresar sus propias contradicciones.

En los últimos días, y cuando el secesionismo catalán ha sido estrepitosamente derrotado por el Estado de derecho, recupera Sánchez su matraca más querida: aquella según la cual la responsabilidad de lo que ocurre en Cataluña la comparten el Gobierno y los rebeldes por no sentarse a negociar. La cosa tienen bemoles a la vista del espectáculo político auténticamente bochornoso que están dando los nacionalistas, donde la payasada de un día es de inmediato superada por la mamarrachada del siguiente.

Sin embargo, inasequible al sectarismo, Sánchez proclama, y los sanchistas repiten encantados de forma continuada, que el Gobierno no ha hecho nada en Cataluña y que su supuesta inacción es la que nos ha conducido a la presente situación.

Y aun siendo verdad que, como la de todos los ejecutivos en todas las situaciones imaginables, la actuación del Gobierno español frente a la rebelión secesionista catalana resulta susceptible de críticas diversas -yo he apuntado varias en este mismo espacio- media un abismo entre sostener que Rajoy debería haberse comportado de otro modo (que podría haber dado mejores o peores resultados, lo que obviamente no se sabe) y sostener que no ha hecho nada.

Desde hace varios meses el Gobierno ha impugnado todas y cada una de las ilegalidades del Parlamento catalán y del ejecutivo de la Generalitat hasta activar por completo, por primera vez, con el apoyo del PSOE, el artículo 155 de la Constitución. El resultado de todo ello está bien a la vista: el triunfo absoluto del Estado sobre los rebeldes, cuyos dirigentes -algunos huidos y otros encarcelados- han acabado peleándose entre sí ante su absoluta incapacidad para sacar a Cataluña del terrible atolladero en que ha acabado como consecuencia de la inconmensurable irresponsabilidad de tales badulaques. ¿Es eso no hacer nada?

Sánchez insiste en que hay que negociar, pero nunca aclara como hacerlo con quien solo quiere debatir de lo que ningún gobierno democrático del mundo aceptaría hablar siquiera: la independencia. ¿Estaría Sánchez dispuesto a tratarla con los secesionistas? Y, si no, ¿sobre qué querría negociar? Que nos los diga de una vez.

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