Cosas del pasado


Las élites británicas siempre han tenido un toque «lencero», por decirlo de forma suave. Ahí están Enrique VIII, los escándalos de la etapa victoriana, el caso Profumo, la ardiente declaración de amor de Carlos a Camila... Ahora el huracán está sobre los clubes masculinos y sus actividades solidarias.

Un reportaje del Financial Times ha descubierto que ciertas cenas benéficas de señores ciertamente poderosos y presuntamente respetables son una suerte de despedida de soltero tamaño XXL. Seguro que se crean lazos extraordinariamente fuertes cuando se comparte un magreo a una azafata o se celebra la exhibición pública de un pene. Seguramente todo regado con un buen «scottish» y con pensamientos del tipo «este Henry W. Bellamy III sí que sabe». Esas vivencias unen mucho, son rituales que cohesionan a los jefes de la tribu. El diario The Guardian destaca que la fiesta demuestra de forma gráfica que se mantienen divertimentos que parecen propios de otro siglo (ni siquiera del XX), pero también destaca que la pieza periodística refleja cómo perviven estas organizaciones exclusivamente masculinas en las que se corta el bacalao sin el «incordio» de las espinas, las mujeres. Son esas réplicas del palco del Bernabéu, a mayor o a menor escala, con ninguna o mucha depravación, en las que la testosterona engrasa el mecanismo de los apretones de manos y las palmaditas en la espalda. David Cameron, que fue miembro del selecto grupo White’s, aseguraba en el 2013 que los «clubes de caballeros» eran cosa del pasado, de un puñado de políticos conservadores. Otra apuesta perdida de Cameron... Son cosas del presente. Cosas de negocios. Y cosas de hombres.  

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