Los Turpin o el asco

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

21 ene 2018 . Actualizado a las 09:12 h.

El debate sobre la prisión permanente revisable lo zanjan los Turpin, marido y mujer, de un machetazo. Lo que se ha sabido de las torturas a las que sometían a sus trece hijos no deja lugar a dudas. Roberto Blanco Valdés, en estas mismas páginas de Opinión, explica con la claridad docente y decente que le caracteriza los motivos legales y las garantías que hacen que la prisión permanente revisable sea perfectamente normal en un Estado de Derecho como el español. No deja lugar a dudas cuando detalla que países civilizados como Reino Unido, Alemania, Italia, Francia, Suiza o Dinamarca la aplican y que cuenta con el respaldo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y del Estatuto de la Corte Penal Inrternacional. Pero es que justo este debate reactivado en nuestro país por los demagogos de siempre ante el dramático caso Diana Quer encuentra otro motivo de evidencia cuando se descubre que hubo, hay y habrá seres humanos que son auténticos monstruos y para los que la prisión permanente revisable es la única condena posible. Me refiero a los Turpin, esos dos depredadores humanos que no pueden ser calificados de otra manera ante los detalles infames que se van conociendo. Ahora se dice que encima ellos argumentan que hacían todas esas barbaridades con sus hijos porque las dictaba Dios. No es afán de venganza lo que nos acelera el corazón cuando leemos que los mantenían atados, cuando escuchamos que solo les dejaban ducharse una vez al año, cuando la sociedad descubrió que en esa casa ocurrían todo tipo de atrocidades sin que el vecindario se diese cuenta. Esa adrenalina que sentimos ante el asco, ese coraje que hace que cerremos los puños solo se puede relajar con la seguridad de que jamás dejarán los Turpin, marido y mujer, la cárcel, salvo el milagro de que suceda una rehabilitación (de ahí la garantía de que la pena sea revisable). Han destrozado a trece chavales. Los mayores de edad parecían menores por la desnutrición. Les ponían tartas de manzana ante sus ojos que se comían ellos para hacerles sufrir. Parece que les permitían escribir en cuadernos. Y esos cuadernos serán ahora prueba de las atrocidades cometidas. ¿Qué pondrá en esos renglones? Cuando el ser humano es miserable su capacidad de razonar lo convierte en el monstruo más despiadado. ¿Dudan sobre la prisión permanente revisable? Pues piensen un rato en los Turpin, en el interior de ese hogar (infierno). O lean esos cuadernos cuando se conozca su contenido.