Tecnología y sanidad


Todos queremos mantener la asistencia sanitaria al menos en el nivel que se ha alcanzado. Y, por supuesto, desearíamos mejorar la calidad y los resultados que obtenemos, con ser ya muy aceptables. A veces da la impresión de que el sistema sanitario se sostiene en el límite y cuando la presión asistencial sube con fuerza, como frecuentemente sucede en invierno, esa impresión se traduce en la certeza de que todo hace aguas. No es así en realidad pero tampoco hemos de aceptar con fatalismo que haya que sufrir esas tensiones. El presupuesto de la sanidad gallega ha crecido, como media, algo más del 3 % anual a lo largo de los últimos cuatro años. Siempre puede plantearse que se necesitan más recursos. Sin embargo, es un error pensar que solo es un problema de recursos y a la vista están los datos comparados de la salud de la población en relación a otros países que gastan más -y en ocasiones mucho más- por habitante.

Los retos financieros que plantean el envejecimiento de la población y el auge de la enfermedades crónicas (y también podría incluirse aquí el precio de los tratamientos) son reales, pero conviene dejar de pensar tan solo en riesgos y empezar a hacerlo en términos de oportunidades. Y mirar como los avances científicos y tecnológicos que se están produciendo pueden facilitar reformas imprescindibles para descongestionar hospitales y consultas y mejorar la calidad de la asistencia, reduciendo ingresos y visitas. De hecho, ya se están produciendo cambios acelerados y radicales en la manera en que se organiza y se practica la medicina. La información proveniente de grandes bases de datos contribuye a optimizar los procesos de decisión de médicos y pacientes, a diagnosticar, monitorizar y prevenir con mayor precisión y a personalizar la asistencia. La digitalización de los procesos permite atender a distancia y otorga al paciente un papel más activo en su propio cuidado.

A los servicios sanitarios les cuesta aprovechar la innovación. No es solo que las estructuras burocráticas se muevan con desesperante lentitud ante los nuevos desafíos. Es que siguen pensando en los problemas del pasado y no en las oportunidades que ofrecen el presente y futuro. Siguen enganchadas en gran medida a un ethos de control de costes sin, paradójicamente, revisar sus prácticas y tecnologías obsoletas y desconfían por principio de cualquier cambio. Sería bueno sustituirlo por otro que se identifique abiertamente con la calidad y la innovación.

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