Fríos


no hace mucho que la neurociencia descubrió un grupo de neuronas situadas en el cerebro que se activan con la visión de determinadas imágenes. Las llamadas «neuronas espejo», hacen que si vemos a alguien mordiendo una manzana, nuestro organismo active todos los mecanismos competentes como si fuéramos nosotros quienes diéramos el mordisco.

Esto viene a cuento por el tema del frío que tenemos estos días, porque mucha de la sensación térmica que padecemos no es solo debida al viento del norte que acompaña al invierno, sino también producto del bombardeo alarmista con el que nos machacan permanentemente.

La sección del tiempo en los informativos cada vez se parece más a un máster en meteorología infográfica, plagado de imágenes dínámicas y en colores de ataques de borrascas despiadadas, de olas de frío hiperbóreo y temporales violentos que azotan nuestras costas con olas de novela de Herman Melville. Y tanto se esmeran en mostrarnos las imágenes que nuestro cerebro se activa poniéndonos en situación de estar viviendo poco más o menos que en un iglú. Por supuesto que la mayoría de las veces la realidad no tiene nada que ver con la situación extrema que se muestra acompañada de las reiterativas advertencias sobre los peligros que supone para la salud, las poblaciones de riesgo y las medidas que -aunque obvias- los «expertos» recomiendan tomar

Si nos dejamos arrastrar por las imágenes y pronósticos alarmistas sobre un aparente frío insólito, acabamos teniendo mucho más frío del que hace en realidad, consumiendo mucha más energía y abrigándonos como si estuviéramos en Bielorrusia. La omnipresente visión del corresponsal de turno con los bigotes helados y forrado de arriba abajo en los exteriores más excesivos, activan las neuronas espejo y nos invaden los escalofríos.

Afortunadamente la gente normal a la que suelen entrevistar para darle más pompa y alarma al meteoro son capaces de descalificar las amenazas y los récords cuando dicen: «aquí el invierno siempre fue así» o «qué frío ni que frío, !cada vez somos más blanditos!» No ven nada de extraordinario ni les alarma el frío polar más que el «hace un frío del carajo» doméstico, ni necesitamos un seminario sobre cómo combatirlo porque lo llevamos haciendo desde que vivíamos en las cavernas.

Aquellos que tanto se aplican en advertirnos con temperaturas nunca vistas y en darnos instrucciones y consejos contra el frío son los mismos que nos dejan tirados en la AP-6.

Y lo mismo pasa con los calores del verano, las lluvias primaverales o las sequías del otoño, se trata de noticiar como anormal lo que es normal.

Acabaremos -sino al tiempo- siendo unos blanditos con un app en el móvil que nos diga cómo y cuándo ponernos la bufanda.

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