Un aviso en toda regla


Ya tenemos la primera encuesta que dice que el Partido Popular perdería hoy las elecciones. Desde que comenzó la caída de Rodríguez Zapatero no había un sondeo tan negativo para el gran partido conservador. Y no le adelanta su tradicional adversario, el PSOE, sino un partido nuevo, Ciudadanos, que se alzaría con algo más del 27 % de los votos, cuatro puntos por encima del PP. No es más que una encuesta y no tiene por qué alterar la proverbial tranquilidad del señor Rajoy: para las elecciones generales faltan dos años y dos años en política no son una eternidad, aunque sí son suficientes para cambiar varias veces las intenciones de voto. Pero la novedad es importante y requiere alguna reflexión.

Primer apunte: ¿Por qué tanta gente confiesa que a fecha de hoy no quiere votar al Partido Popular? Puede ser por el resultado de las elecciones catalanas: el efecto contagio existe en política y el PP sufre el deterioro de una derrota sin precedentes ni paliativos, al tiempo que Ciudadanos salió de la consulta rodeado de una aureola de heroísmo que hace que una parte del electorado empiece a preguntar aquello de «¿y por qué no?» Pero puede ocurrir algo todavía más peligroso para el señor Rajoy: que haya empezado el cansancio social. Yo no descartaría esa hipótesis, al menos como materia de investigación del propio PP.

Segundo apunte: ¿Por qué el PP, al margen de esta encuesta de Metroscopia, muestra una persistente tendencia a la baja, si el gobierno tiene motivos para hacer discursos de euforia económica? Quizá sea porque la recuperación no se percibe como justa; porque la creación de empleo lleva un lastre de precariedad y porque los jóvenes son pesimistas ante su futuro. Quienes los tratan a diario en la Universidad perciben una desesperanza que, llevada a la política, se traduce en demanda de cambio. Pablo Iglesias es demasiado riesgo. Albert Rivera es intento de renovación.

Y tercero: ¿Por qué por vez primera un sondeo rompe la fórmula bipartidista de alternancia en el poder? Porque el PSOE de Pedro Sánchez ha logrado contener la caída, pero no remonta. No consigue transmitir imagen de solvencia. No acertó en sus arrumacos con la idea plurinacional de España. No consigue rellenar el formulario de qué es la izquierda que pregona desde los carteles. Y desorientó a sus votantes de siempre con sus oscilaciones entre las alianzas con Podemos y los acuerdos con Ciudadanos.

Ante ese panorama Albert Rivera casi no tiene ni que molestarse en presentar un programa: le basta con ocupar los vacíos que PP y PSOE le dejan. Se alimenta de las debilidades de ambos. Y tiene alguna ventaja añadida: es joven, muestra sentido común y todavía no está manchado por ninguna corrupción.

El PP sufre el deterioro de una derrota sin precedentes ni paliativos y Ciudadanos salió de las catalanas rodeado de una aureola de heroísmo

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