Dejen ya de reñirnos


Desde que nos pusieron pingando por vivir por encima de nuestras posibilidades, no han dejado de abroncarnos. Una tras otra es rara la semana en la que no nos llevamos un par de reprimendas, sea por el motivo que sea. El caso es reñirnos y afearnos la conducta para ocultar sus incapacidades y dar la imagen de que controlan la situación y que si algo va mal se debe a nuestra irresponsabilidad.

La cosa ya comenzó durante la etapa de José María Aznar como presidente del Gobierno, que nos riñó por protestar por el Prestige y por la guerra de Irak. Y desde entonces no han parado de reñirnos. Últimamente, nos riñeron por vivir alegremente, regañaron a los preferentistas y a los accionistas de Bankia por querer enriquecerse; luego vino una conselleira que nos puso de vuelta y media por ir a las urgencias médicas cuando estábamos malos. Más tarde volvieron a reprendernos por votar de forma poco conveniente. Pero lo de esta semana ya ha sobrepasado todo lo imaginable.

El último fue Rodrigo Rato, que nos puso de vuelta y media, eso sí a través de las señorías que nos representan en el Congreso, por poner en duda su profesionalidad y gestión y que, fíjense si fue brillante que ha sido condenado a cuatro años y seis meses de prisión. De momento. Rato, que a decir del PP es «una eminencia», se puso como una fiera cuando fue calificado de delincuente que es lo que son los condenados por los tribunales, pero él, siguiendo el modelo imperante, echó mano de aquel principio de Helenio Herrera de que la mejor defensa es un buen ataque y se lanzó contra todos; que, por lo visto, somos los responsables de sus males.

Pero el culmen a todo este disparate lo han puesto esta misma semana el director de la DGT, Gregorio Serrano López, que tiene como gran mérito haber hecho toda su vida profesional al amparo del partido que lo protege, y los responsables de la empresa Iberpistas dedicada al cobro de peajes, que se han enfadado un montón y nos ha reprendido seriamente por salir a las carreteras sin cadenas y por utilizar vehículos escasamente preparados para afrontar un temporal de nieve. Lo nuestro no tiene explicación. Te vas por el mundo adelante sin tan siquiera llevar unas cadenas por si nieva que es lo que ocurre habitualmente.

Menos mal que ellos están en todo y tras la gran bronca vino la solución. Vamos a tener que disponer en el coche de un kit antinieve con nada menos que 18 elementos obligatorios. Eso para la nieve. Pero tampoco estaría de más, de paso, proveernos de un flotador por si llueve mucho; de una escopeta por si nos topamos con un oso, y del kit anticabreo por si nos tropezamos con alguno de estos incapaces que todo lo solucionan riñéndonos. Es lo único que saben hacer.

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