Un día triste


Ayer fue un día triste para la prensa escrita. Dos cabeceras de reciente historia, pero que hicieron historia, anunciaron su cierre: las revistas Tiempo e Interv. Ambas, pertenecientes al mismo grupo editorial, llevaban una vida lánguida. Ya no se veían en lugares privilegiados de los quioscos. Se quedaron sin espacio ante la invasión de los nuevos medios. Su muerte es, pues, una muerte por inanición. Lo confirma su propia editora al comunicar que el cierre de ambas se produce por la caída de difusión e ingresos y, por tanto, por las pérdidas acumuladas. Fueron un producto de mercado y el mercado las mató. Las mató sin piedad. Quizá solo quedemos los más veteranos del oficio periodístico para dedicarles un obituario. 

Como veterano puedo decir y digo que ambas revistas fueron avanzadas del estreno de la libertad. Tiempo, como publicación política; Interviú, como escaparate atrevido del fenómeno social del destape. Tiempo fue una parte importante del llamado parlamento de papel. Su aceptación dependía de su capacidad de provocación al poder y de la osadía de sus portadas. Una portada agresiva llegaba a suponer un 80 % más de venta, hasta que, como diría Felipe González, empezó a morir de éxito. No se puede mantener la tensión de portadas durante las 52 semanas del año si no es a costa de la credibilidad. Y un detalle más: todas las grandes revistas que abrieron la puerta a la libertad informativa en España han desaparecido de forma progresiva a lo largo de los últimos tiempos: Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, SP, Sábado Gráfico... todas ellas murieron con la libertad.

¿Y qué decir de Interviú? Fue la gran innovación de los años 70. Ningún padre de familia la llevaba a su casa, pero la leía. No fue una publicación pornográfica, pero sí erótica. En un intento de dignificar contenidos, se lanzó por el camino de la investigación. Gran parte de los escándalos de corrupción están reflejados en sus páginas. Tuvo portadas, como la de Marisol desnuda, que vendieron más de un millón de ejemplares. Esa foto, realizada por César Lucas, llegó a tener un valor de mercado de cuatro millones de pesetas. Pero, ay, tampoco había tantos desnudos de categoría o mujeres de categoría dispuestas a desnudarse como para mantener la tensión durante 40 años. Y llegó hasta ayer después de un importante esfuerzo empresarial de resistencia.

¿Es un síntoma de que va en serio la muerte del papel? No. Es un síntoma de que hay productos que ya no necesitan venderse en el quiosco. La proliferación de información política en los medios tradicionales y en las redes hace innecesaria la especialización. Y lo que llamo desnudos de categoría están todos los días, y gratis total, en Internet. Se muere el papel que se queda sin clientes. Sobrevive el papel que sabe sobrevivir.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
36 votos
Comentarios

Un día triste