Atrapados


Es lo que tiene el ser humano, que suele hacer cosas mal, por desconocimiento o por negligencia. Es más, si todos fuéramos buenos, cumpliéramos siempre las leyes y no hiciéramos daño al vecino o al desconocido, no haría falta ni policía. Pero, vaya, como no es así, resulta que necesitamos policía, mucha policía, para evitar que la sociedad se desmande y acabe sometida a la ley de la selva. Y por eso hacen falta servicios de emergencia, para socorrer a la gente que se encuentra en peligro, sea cual sea la causa y sea quien sea el causante de la situación. Para eso existen los servicios públicos y para eso se instituyó el Estado. Para socorrer a la gente, y muy especialmente a los más desvalidos y desamparados. Que los otros pueden resolver sus problemas por sí mismos. En ellos debe de estar pensando el Gobierno cuando echa balones fuera, uno detrás de otro. Como si el problema no fuera con él. No cabe mayor confesión de la concepción que el PP tiene del Estado, y que explica, de paso, la ligereza con la que ha metido la tijera en los servicios públicos y recortado sin contemplación en los últimos años. Pero además ha habido falta de previsión y negligencia. Y, aún peor, ha habido una insensibilidad absoluta del ministro del Interior y de los responsables de Tráfico con el sufrimiento de miles de personas atrapadas bajo la nieve. Atrapados quedan ellos por unas declaraciones que ponen en cuestión su capacidad para ejercer el cargo que ocupan.

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