El país de las sombras largas

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

04 dic 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

La columna en que nos contaba por aquí hace unos días Sandra Faginas, cómo su abuela cuando quería irse le decía a su abuelo en alto «Manolo, haberá que ir pensando en poñer a chaqueta», me hizo recordar a Hans Ruesch, el autor de El país de las sombras largas. Publicada en 1950 -y hace ya unos años rescatada por Ediciones del Viento-, fue llevada al cine por Nicholas Ray poco después con el título de Los dientes del diablo y con Anthony Quinn como protagonista. La historia se desarrolla en el Polo Norte y sus protagonistas son los esquimales que se llaman a sí mismos inuits (los hombres).

Entre sus normas sociales, que son tronchantes, se encuentra la de irse a la francesa, pues despedirse es de malísima educación. En aquellas latitudes si quieres humillar a alguien le haces un regalo, y a veces el ofendido contraataca haciéndote un regalo mejor, así son ellos. De la novela se vendieron en el mundo más de tres millones de ejemplares.

Hans Ruesch, que nació en Nápoles en 1913 y se crio en Francia y Alemania, fue uno de los primeros corredores de Formula 1, allá por los cincuenta, de lo que escribió una novela que se hizo película -Grand Prix, con Kirk Douglas-. Luego vinieron los inuits que lo hicieron rico. Entonces abandonó la literatura para crear un movimiento contra la vivisección fraudulenta en la investigación científica, por el que fue blanco de la iras de los grandes laboratorios. Murió hace diez años, con 94, no sin antes dejarme dedicado un ejemplar de su libro. Se fue sin despedirse.