Frío polar


El clima político en Cataluña es como esa ola de frío polar que nos invade y que ha cubierto de blanco la mitad norte de España. La aparente calma tras la tempestad del mes de octubre es solo un espejismo. Ni siquiera la supuesta cohesión de cada uno de los bloques, el independentista y el constitucionalista, es real. Lo único bueno es que al menos la unidad de acción de los secesionistas ha volado por los aires. Puigdemont y Junqueras están hoy a miles de kilómetros de distancia, física y políticamente. El expresidente es el único que aún sigue anclado en el 1-O, intentando aferrarse a un clavo ardiendo como tabla de salvación. Pero su futuro político es tan negro como el judicial. Y, por mucho que implore, no será su exvicepresidente quien lo salve. ERC mira hacia adelante sabedor de que va a ganar las elecciones y de que Puigdemont y compañía son más un lastre que una ayuda. Pero eso no significa que el desafío haya desaparecido. Solo cambiará de forma y de ritmo. Así que en Cataluña seguirá haciendo frío.

Y no parece que en el frente constitucionalista soplen vientos que ayuden a caldear la temperatura. La unidad para sacar adelante el 155 fue fruto más de la necesidad del momento que de la voluntad y el compromiso de encontrar una solución común al problema. La distancia que separa hoy a PP, PSOE y Ciudadanos es enorme. De Podemos y los comunes, mejor ya ni hablamos. Y no parece que la campaña vaya a servir para acercar posturas. Una grave equivocación si no son capaces de aprovechar la oportunidad de dar un vuelco constitucionalista en Cataluña. Porque lo más importante es que el próximo Gobierno sea un Gobierno comprometido con la Constitución.

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