Y el PSC ¿hará un papel... o un papelón?


La cínica e impúdica abjuración de sus delirios por parte del secesionismo catalán adelanta un dato incontestable: que sea cual sea el resultado de las elecciones autonómicas ya nada volverá a ser igual en Cataluña. Solo podía suceder así, tras haber aceptado los rebeldes que no existe una mayoría independentista y que cualquier futura DUI acabará como la que ahora han intentado. Es un fiasco y una payasada: sin un solo apoyo externo, con la autonomía intervenida y los rebeldes encausados.

No, pase lo que pase el 21, será imposible volver a la casilla de salida, lo cual no significa ni de lejos que lo que suceda en los comicios no tenga una importancia primordial. La tiene, desde luego, lo que exige que los candidatos en liza informen sin tapujos de su apuesta de futuro.

Y como, dada la extrema atomización del mapa de partidos catalán, esa apuesta depende sobre todo de la política de alianzas a partir del día 22, aclararla supone una esencial exigencia democrática.

¿Qué harán los independentistas? Juntarse para seguir dando la tabarra, aunque ahora será con la espada de Damocles del 155 y el Código Penal. ¿Qué hará Colau, quien ya no engaña a nadie con su infinito oportunismo y su cara dura colosal? Apoyar al independentismo a cambio de sus votos en el ayuntamiento que gobierna ¡con 11 de sus 41 concejales! ¿Qué harán Ciudadanos y el PP? Intentar una alternativa para desalojar a los nacionalistas del poder que han controlado, solos o con los socialistas, desde hace cuatro décadas.

¿Nos falta algo por saber? Lo previsible: qué va a hacer el PSC. ¿Reforzar un gobierno nacionalista con el falso y penoso argumento de la transversalidad? O, por el contrario, ¿apostar, si hubiera mayoría tras el terremoto político que ha tenido lugar en Cataluña, por un gobierno alternativo de los no independentistas?

La pregunta es de cajón. ¿A quien prefiere Iceta como próximo presidente de la Generalitat? ¿A Marta Rovira o a Junqueras, de ERC, líderes que son directamente responsables de la mayor crisis política sufrida en España desde 1977 hasta el presente o a Inés Arrimadas, de C’s, cuyo coraje democrático es solo comparable a la brillantez con la que viene defendiendo el Estado de derecho en Cataluña?

Como el inmenso Pepe Isbert en Bienvenido, Míster Marshall el PSC «nos debe una explicación»: si va a seguir con el cuento chino de la transversalidad, cuyos resultados fueron desastrosos durante las presidencias de Montilla y Maragall.

O si va a tener la valentía de apoyar la única alternativa que puede impulsar el programa de gobierno que urge en Cataluña: abrir allí un proceso de desintoxicación que normalice la escuela, la Administración, la policía y los medios públicos de comunicación y los convierte en lo que deben ser en las sociedades democráticas: instituciones de un poder público neutral y no instrumentos de partido.

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