Que llueva


Según los datos disponibles, los embalses españoles están al 37 % de su capacidad. En Castilla-La Mancha, por poner algunos ejemplos, se encuentran al 17, 7 % y en Murcia al 19,35 %. En Galicia están en torno al 40 % de su capacidad y se ha decretado la alerta en los ríos Verdugo, Lagares y Baíña; ríos de Oia y O Rosal, que vierten a la costa atlántica; río Castro; río Xallas y Cee; río Mero y otros que desembocan en la ría de A Coruña; así como los ríos Mendo y Mandeo y los que desembocan a la ría de Betanzos. Cosechas de cereales de invierno, leguminosas, colza, vino, aceite y ganadería son las producciones en las que el impacto de la sequía es mayor. La UPA calculaba hace unas semanas que las pérdidas en toda España superan ya los 1.625 millones de euros, mientras ASAJA elevaba el impacto a 2.685 millones de euros. De continuar la situación hay estimaciones de que el sector perderá hasta 5.000 millones de euros. Además de las consecuencias para el sector primario, las repercusiones se verán en otros sectores económicos como la industria y la generación de energía hidroeléctrica, de hecho, las compañías han anunciado una subida del precio de la electricidad por esta causa. También los efectos comienzan a verse en el abastecimiento humano, en zonas como El Bierzo, o en el uso urbano, como en Vigo. Es previsible, además, que la situación tenga un fuerte impacto en el mundo de los seguros agrarios, en los precios en el sector agroalimentario y finalmente en los consumidores; sin embargo, serán los agricultores y ganaderos quienes sufrirán de manera más acusada las consecuencias de la sequía, en los ingresos de sus explotaciones, amortización de inversiones, etc. Pues bien. Cualquier país normal se encontraría en una situación de emergencia y la sequía ocuparía una parte central del debate político y de los medios de comunicación. Sin embargo, muy al contrario, partidos y representantes políticos están entretenidos ignorando que, de seguir así las cosas, una parte importante de la población se verá afectada, al margen de las dramáticas consecuencias ecológicas. La sequía es un fenómeno propio de nuestra situación geográfica. Sin embargo, el cambio climático y la mala gestión de los recursos hídricos están haciendo que la escasez de agua se convierta en crónica en buena parte de la península Ibérica, también en Cataluña. Nadie discute que los actuales problemas políticos del país son importantes, pero, salvo que las elecciones catalanas solucionen el problema del agua, algo altamente improbable, la sequía nos mostrará la cara más negra de nuestros problemas. Claro, siempre nos queda la opción de cantar todos el «que llueva, que llueva, la virgen de la cueva» o de rezar a la Moreneta, pero, tal como veo yo las cosas, o nos enfrentamos a la sequía de manera decidida tomando medidas en los años normales, o los problemas políticos del país nos acabarán pareciendo una broma.

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