Podemos, atrapado en la nada

abel veiga LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

Malos tiempos para Podemos. Quisieron tocar el cielo, más bien asaltarlo, y casi estuvieron a punto, pero las primeras encuestas que afloran estos días castigan a esta formación. Pagan ahora el precio de la ambigüedad, de lo equidistante, pero también las formas y el discurso de Pablo Iglesias, empeñado en apartar cualquier disidencia. Peca por exceso, peca por defecto. Y se equivoca. De la vieja guardia fundacional quedan ya muy pocos. Uno a uno se han ido yendo o les han apartado. Y de aquella transversalidad no queda nada. Porque ahí está el germen de la ruptura. Verticalidad y horizontalidad, nacional y territorialidad son un cóctel sumamente explosivo en un país como el nuestro. El país de las viejas taifas, de los enredos de partidos. Bascular de posiciones, afirmar una cosa y a los meses otra distinta, proclamarse con desparpajo y falta de sutileza como socialdemócratas, pactar a la segunda con Izquierda Unida y formar gobiernos en la sombra cuando el candidato socialista era recibido por el jefe del Estado, ha lastrado, ha cansado y ha desenmascarado. De los círculos, de la calle queda muy poco. Ya alertaron el ideólogo, Monedero, y Errejón, que en esa busca de transversalidad y en ese afán de hacer política quedarían atrapados por la burocracia y la lentitud del Congreso y los viejos cauces estereotipados. Se distanciarían de la gente. Si a ello le sumamos las purgas, las luchas de poder, ciertos caudillismos mal engrasados y peor ejecutados en las formas y los discursos, todo el daño está hecho. Castigan las encuestas; primerizas, sí; apresuradas también, a la formación. Y lo hacen porque no hay discurso único, no hay coherencia, sobra demagogia y hay demasiada ambigüedad. Y eso pesa y se paga, arrastra fango y desilusión.

Y también la gestión real y directa deja mucho que desear. Porque es fácil criticar gobiernos y gestores y muy difícil bajar luego a ese barro y gestionar día a día en ayuntamientos grandes o pequeños. La opinión pública no es tonta. Tampoco se lo hace. Tan grande fue la subida como dolorosa puede ser la caída y la irrelevancia. Algunos aún recuerdan marzo del 2016. Y aquel no.