Las dudas de cierta izquierda

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

Paco Campos | Efe

25 oct 2017 . Actualizado a las 08:03 h.

cuesta entender desde una perspectiva progresista la posición de cierta izquierda, esa que encabezan Pablo Iglesias y Ada Colau, ante el conflicto catalán. Su papel de compañeros de viaje del independentismo. Su insistencia en el diálogo o la mediación después de que Puigdemont dinamitase el último puente: lo hizo el día en que se comprometió a obedecer el mandato del referendo ilegal. Su seguidismo del argumentario soberanista, en vez de exigirle al president que convoque elecciones y nos ahorre el caos que viene, del cual saldrán triunfantes la derecha más centralista y el nacionalismo más extremo. Su rechazo frontal del artículo 155, un ariete que existe para ser usado cuando todas las puertas están cerradas a cal y canto.

Cuesta entenderlo, porque en Cataluña no se dirime la lucha final de los parias de la tierra, ni la revolución argelina de Ben Bella y Franz Fanon, ni la emancipación de colonia alguna, ni el frustrado intento de los griegos de sacudirse el opresivo yugo de la Troika, ni siquiera la suerte de los desahuciados que abanderaba Ada Colau. Todas esas batallas, libradas dentro o fuera de la ley, despertaban la simpatía o al menos la comprensión de los desheredados. Pero esta es una revolución de ricos, insolidaria en sus fundamentos, promovida desde coches y despachos oficiales. Por eso resulta incomprensible el coqueteo de cierta izquierda con esa deriva del nacionalismo catalán que Maxime Forest calificó, en las páginas de Libération, periódico poco sospechoso de derechismo, de «obtuso y excluyente».

Creo que la ambigüedad de esa izquierda nace de una confusión: identificar a Rajoy con España, al Gobierno con el Estado. Y por eso le cuesta colocarse por una vez en la trinchera del aborrecido Rajoy. Cuando el nacionalismo catalán se echó al monte al grito de «¡España nos roba!», el populismo lo tradujo por «el PP nos roba». Los demás lo interpretamos correctamente: a Cataluña no le roba el PP (no más que Pujol y familia), le robamos los gallegos, los extremeños o los andaluces. Las balanzas fiscales, el arma esgrimida entonces por Oriol Junqueras, eran la carga de la prueba.