Catalonia


Insistí en su día en que los políticos catalanes debían de leer el libro Escucha Cataluña. Escucha España, escrito por Josep Borrell junto con Francesc de Carreras, Juan José López Burniol y Josep Piqué. Explica muy bien cómo hemos llegado hasta aquí y de dónde vienen los delirios y falsedades del «España nos roba» y esas memeces. Todo empezó o se reinició con la llegada de Jordi Pujol en 1980 a la presidencia de la Generalitat, en la que permaneció hasta el 2003. Es decir, que tuvo 23 años de campaña, con nada menos que unos Juegos Olímpicos de por medio para informar al mundo de que en el sudoeste de Europa había un país llamado Catalunya (Catalonia en inglés) que estaba sometido y que clamaba por su libertad: «¡Freedom for Catalonia!». Y así, dale que te pego, un día tras otro, sin tregua ni descanso, durante años y años.

Trataré de ilustrar esto con una anécdota personal. Poco antes de celebrarse los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992), me recibió Pujol en mi condición de director de Información de la Agencia EFE y me expresó su orgullo por la buena marcha de una «Barcelona en obras» que permitía modernizarlo todo. Luego, me enseñó unos mapas e ilustraciones y, al final, me entregó varios folletos, mientras me decía: «Ahí podrá ver usted cómo va a quedar todo». Y lo vi, sí. Con todos los textos en catalán, español e inglés, como debía ser. Pero ¡ay!, en alguno no encontré la palabra España ni por error. Después de la cita con Pujol, estaba invitado a una comida de grupo con el alcalde de Barcelona, el socialista Pasqual Maragall. Llegué a su lado, le comenté lo sucedido y, en vez de inquietarse, soltó una gran carcajada tranquilizadora y exclamó: «Cosas de Pujol. No le hagas caso». Apartó los folletos a un lado y cambió de tema.

Años después, cuando Maragall sucedió a Pujol al frente de la Generalitat (2003-2006), lo comprendí todo algo mejor. El problema era que Pujol y los suyos no eran los únicos que estaban en el juego distanciante. No solo Pujol estaba contagiado por la idea de la Catalonia mundial. Por eso es bueno leer el libro de Borrell. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos. Y es necesario saberlo y entenderlo en sus cifras.

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