¿Elegiría esa muerte?


Se llamaban Maximina, Angelina, Marcelino y Alberto. Tres de ellos encontraron la muerte entre las llamas. En algún momento de los últimos instantes de su vida, tuvieron que intentar protegerse. Por instinto. Pero la inhalación del humo con partículas en suspensión hizo que sus pulmones no oxigenaran y perdieran la consciencia. Debió de ser así. No cayeron a ninguna hoguera, por lo que no murieron a consecuencia de quemaduras. Pero pudo haber ocurrido. Dicen que las heridas profundas provocadas por el fuego dejan el área anestesiada y mantienen que, en estos casos, la deshidratación suele ser la sentencia de muerte. No fue este el caso.

El cuarto fallecido intentó salvar su casa y la de una vecina. Se cayó en un terraplén y murió en la ambulancia.

Se desconoce el nombre de las personas que causaron la muerte de Maximina, Angelina, Marcelino y Alberto, pero son terroristas incendiarios. Para ellos no puede haber clemencia. Han cometido actos criminales contra las personas y el medio ambiente. Un juez tendrá la última palabra y les puede imponer penas de hasta 20 años de cárcel. Que no sea ni uno menos, si esa es la sentencia.

Al margen de quién fuera el que prendió la llama, Galicia tiene dos asuntos importantes sin resolver. Uno es el demográfico, y el otro el medioambiental. Los bosques deben estar limpios sobre todo cuando llega un otoño seco después de un verano sin lluvias. Una simple chispa en una noche ventosa de octubre es capaz de arrasar con cientos de hectáreas. Y lo saben porque no es ningún secreto.

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