Los desleales y los cínicos


El Rey los definió a la perfección al tildarlos de desleales. Porque lo peor no es saltarse la ley. Lo peor es pisotear ese vínculo de confianza que une a las personas, que es algo mucho más profundo que cualquier norma. Sin un ánimo de fidelidad es imposible cualquier comunidad. Y los independentistas han roto ese cordón. Por eso es tan difícil reconducir esta crisis mientras los desleales sigan al mando. Nada se puede negociar con quien no quiere negociar, nada se puede dialogar con quien solo busca destruir, nada hay que mediar ante quien solo cabe exigir que cumpla la ley. El problema no es que deseen la independencia, incluso que luchen por ella. Lo inaceptable es que lo hagan despreciando la ley, y, sobre todo, que lo hagan secuestrando las instituciones, prevaliéndose de una posición que ocupan en nombre de todos los catalanes, aunque ahora ignoren a la mayoría. Esa es una deslealtad inaceptable que debe ser combatida con el aislamiento de los desleales para evitar que sigan haciendo más daño y, muy especialmente, que puedan culminar el lunes su desafío con una declaración de independencia.

Aislar el patógeno es el mejor remedio para evitar la propagación del virus antes de proceder a su eliminación. Eso es lo que han hecho la comunidad internacional y el mundo empresarial catalán. Nadie los reconoce. Nadie les va a financiar su sueño. Puigdemont y Junqueras se dieron ayer de bruces con la realidad. Aislados. Y estrangulados por el Constitucional, que les cegó la vía por la que los desleales intentan inmolarse, y de paso sacrificar irresponsablemente el futuro de todo un pueblo. Pero cuando parecía que empezaban a asfixiarse, hete aquí que vienen los tontos útiles a darles oxígeno. La complicidad de Podemos y sus socios catalanes con el desafío secesionista supera ya la estulticia y raya en la categoría de colaborador necesario. Porque en la lista de desleales no están todos los que son. Faltan quienes con absoluta hipocresía amparan un referendo ilegal como si fuera una simple movilización política y abren la puerta a un noble debate parlamentario como si no supieran que en ese pleno lo que se pretende en realidad es declarar la independencia. ¡Hay que ser cínicos!

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