Acosar al discrepante


Son cobardes, como roedores, los primeros en abandonar el barco cuando naufraga. Sin embargo, en manada, nadie iguala su valor. Ahora se han organizado políticamente y gracias a la grandeza de la democracia española tienen voz, representación, y un sueldo prominente. Repito: la grandeza de la democracia española, esa que permite disentir sin necesidad de que te señalen por «discrepante». Los de la CUP lo han hecho: señalar y acosar. En Lleida los de Arran han perpetrado un cartel con los rostros de los concejales del PSC, PPC y Ciudadanos. Los bastiones políticos de ETA hicieron lo mismo en el País Vasco durante años. Los mismos que también apoyan la independencia de Cataluña y hasta han enviado a Otegi a alentar su Diada/manifestación. Es un acto totalitario: señalar al que no piensa como tú. Anna Gabriel ayer ha apoyado la iniciativa de Arran, sus jóvenes. Y los de Podemos han equiparado el cartel con la investigación de 700 alcaldes que no cumplen la ley (para ellos es lo mismo un acto propio del Estado de derecho, investigar, que señalar en carteles al discrepante). Hasta ha callado el diputado Rufián, ese que afirma que el franquismo acabará el 1 de octubre. Qué gran democracia la nuestra, insisto, que hasta abriga a Rufián y la CUP y Podemos. Todos detestan la democracia. Por eso señala la CUP a los discrepantes. Algunos dictadores hicieron lo mismo: marcaban a los que no eran de su raza o pensaban como ellos, los discrepantes. Cuánto me duele recordarlo.

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