Si fuera niño, preferiría ser perro

José Manuel García Sobrado TRIBUNA

OPINIÓN

30 ago 2017 . Actualizado a las 08:18 h.

El artículo 158 del Código Civil dice que el juez, de oficio o a instancia del propio hijo, de cualquier pariente o del Ministerio Fiscal, dictará las disposiciones apropiadas a fin de evitar a los hijos perturbaciones dañosas en los casos de cambio de titular de la potestad de guarda (…) y, en general, las demás disposiciones que considere oportunas, a fin de apartar al menor de un peligro o de evitarle perjuicios en su entorno familiar o frente a terceras personas. Y añade que se garantizará por el juez que el menor pueda ser oído en condiciones idóneas para la salvaguarda de sus intereses.

Esto es lo que dice la ley en España, pero resulta que si soy un niño de padres divorciados y mi madre se niega a entregarme a un maltratador, resultará que un grupo de psicólogos, sin base científica que los avale, convencerán a algunos tribunales, alegando que mi madre tiene personalidad inestable, realiza actos impulsivos lesivos para mí, tiene dificultades para gestionar el hecho (de entregarme a un maltratador). Lo apoyan en el llamado síndrome de alienación parental (SAP), que está denostado por la comunidad científica más autorizada y rechazado por el Consejo General del Poder Judicial. Así, José M. Aguilar Cuenca, tergiversando el fondo de la cuestión, dice que esa forma de actuar de mi madre es «una de las formas que puede tomar la violencia en el seno de la familia» y que eso es «malmeter». Y deforman la negativa a entregarme a un maltratador, diciendo que ella es la violenta, no el otro.

Silencian que cuando estoy con mi padre maltratador, no existe ningún medio de control de mi situación, no les interesa saber ni tan siquiera con quién vivo realmente, si con la primera, la segunda o la tercera novia de mi padre, ni dónde ni en qué circunstancias. Nada está previsto en los casos de guarda para los niños.