Ya estamos idos


Llevo días intentando no escribir esto. Pero ya no puedo más.

Borges, que sabía unos cuantos idiomas y no era exactamente antisistema, ironizaba sobre la manía de estudiar una lengua a través de su gramática:

-No aprendemos a respirar mirando láminas de los pulmones.

En España varias generaciones intentaron aprender inglés escrutando radiografías de los alveolos de Shakespeare y, en vez de hablar inglés, acabaron en el cine mudo de Mr. Bean y Benny Hill, que da mucha risa, pero poco vocabulario.

Lo que pasa es que el inglés no tiene Academia y así no hay quien ponga orden en un idioma. Antes de la RAE, el español también era un caos y salían cosas como el cancionero medieval, Cervantes o el Siglo de Oro. Menos mal que desde 1713 tenemos a la Academia para que pastoree nuestra anarquía.

La RAE ya no es aquella institución obsoleta que dio con la puerta en las narices a Valle-Inclán y Pardo Bazán. Hoy son mucho más tolerantes y no hace falta aproximarse ni siquiera un poco a la altura de Valle o doña Emilia para ser académico. La casa es accesible a todo tipo de talentos.

Y, como estamos en el 2017, ya no hay verdades inamovibles, de esas que estorban tanto cuando se hace una mudanza. Ahora las verdades, como la nueva política, son asamblearias y se establecen votando a mano alzada. Pronto habrá un referendo para preguntarnos si el teorema de Fermat es cierto. Es nuestro inalienable derecho a decidir.

Así, tras consultar a las bases, la RAE ha decidido pasar de idos a iros porque, según explicó un académico airado, nadie dice «idos a la mierda», sino «iros a la mierda». Acabáramos.

Demoledor argumento para una Academia que tiene como lema: «Limpia, fija y da esplendor». Claro que a mí eso siempre me sonó a anuncio de Disiclin (sin tilde).

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