Avalancha de refugiados

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Esta semana, el Gobierno italiano nos ha recordado que, cuando apenas hemos cruzado el ecuador del 2017, su país ya ha recogido a 78.000 de los 85.000 inmigrantes que han llegado a Europa. La mayoría de ellos provienen de diversos países del África subsahariana, aunque también les acompañan refugiados sirios y de otras zonas de Oriente Medio. Con las fronteras del este de Europa cerradas a cal y canto y el mayor control que está prestando Turquía, los inmigrantes y refugiados confluyen en Libia, un país cuya guerra civil permite que las mafias que trafican con personas se enriquezcan a costa de los más desesperados. Y el país europeo más próximo a Libia es Italia.

El deber humanitario ha hecho que todos los países europeos bañados por el Mediterráneo hayan destinado buques para recoger a estas miles de personas que afrontan la travesía en embarcaciones precarias. Buques que acercan a los puertos italianos a la mayoría de ellos. No es que el problema haya vuelto a resurgir, sino que nunca ha dejado de estar ahí.

Cada país afronta la llegada de los inmigrantes con prevención y, cada vez, con más rechazo. Y las diferentes posturas han impedido que la UE desarrolle una política común. Quizás va siendo hora de mirar más allá del Mediterráneo y pensar en ayudar a solucionar el problema en origen para que nadie tenga que abandonar su hogar.