En el limbo de la alegalidad


Hoy casi nadie de los que dice escribir con el corazón lo hace de forma inocente. No ocurre cuando sueñan (o soñamos) con convertir una columna en un misil que agite conciencias. Menos aún cuando se pretende convertir ese texto en una incandescente estrella fugaz capaz de alcanzar esa extraña condición llamada viralidad.

Es ese el momento en el que lo genuino, la opinión sincera, pugna con la estrategia, se enzarza con la táctica y se contamina con la corrección política, la propaganda y el miedo al que dirán en las redes la buena gente del común y los adictos al odio, esos que juzgan y linchan en cero coma por lo que escribes y por quién eres. Por eso es tan difícil asomarse a un debate sereno sobre un tema tan lleno de aristas como el de la gestación subrogada. Y menos aún en 140 caracteres.

Un partido se ha atrevido a poner en negro sobre blanco una propuesta de regulación. Y le han llovido palos. No seré yo quién diga que aciertan, y tampoco podré escapar a la tentación de señalar que hay cierto oportunismo político sobre la mesa, pero si es justo reconocer la valentía de abrir el melón y poner sobre la mesa del poder legislativo un asunto que cruza muchas líneas rojas y que recuerda, por su complejidad, a otro que también se mueve en ese limbo llamado alegalidad, la prostitución.

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En el limbo de la alegalidad