Risto no puede contra sí mismo


Mediaset ha vuelto a repetir ese error televisivo de «explotar» a los presentadores, de sobreexponerlos hasta el agotamiento del público, que ve cómo a cualquier hora siempre están los de siempre. El último en ahogarse en su ensimismamiento ha sido Risto Mejide, que en esa dualidad que él maneja, ora es capaz de dar herida de muerte a un anónimo que se presenta a un talent show ora se arrodilla a besarle los pies a Bárbara Rey.

Con esa habilidad suya de levitar por encima de la prensa del corazón y al mismo tiempo ser portada de ella, el publicista-presentador se ha convenido en un personaje plomizo, sin la mordacidad de sus primeras apariciones y sin la profundidad de su etapa de entrevistador en el primer Chester (la mejor, sin duda, de su carrera). Lo que tenemos en la pantalla ahora de Risto es una versión muy cutre de sí mismo en el infumable All you need is Love... o no, en el que pretende entretenernos durante dos horas y media -tiene valor- hablándonos de cómo él hizo el amor la primera vez con su actual mujer, o con un reencuentro entre Antonia Dell’atte y Ana Obregón. En esas arenas movedizas se levanta el nuevo espacio de Mejide, en el que amor, lo que se dice amor hay más bien poco y sí mucho viceverso intentando hacerse más hueco en la parrilla. Si aún le hubiera puesto una pizca de humor...

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Risto no puede contra sí mismo