Personalidad


Viajar en el tiempo, de momento, no es posible, aunque a veces parezca que nos hayan transportado al pasado a traición. Los habitantes del primer mundo no tienen la oportunidad de trasladarse a otras épocas. En el siglo XIX, La Voz de Galicia publicaba con regularidad notas en las que repasaba las causas de las defunciones: viruela, sarampión, tifus... Parece que algunos prefieren olvidar lo que sucedía antes de que las vacunas formaran parte de la rutina. Entre ellos, un personaje famoso que se permite el lujo de citar en la radio un estudio obsoleto y desacreditado, elaborado con datos falsos, que relaciona inmunización y autismo. Siguiendo la filosofía de Donald Trump y de Nigel Farage, la del «porque yo lo valgo», se atreve a cargar contra los médicos que lo desmienten. Los nuevos apóstoles levantan catedrales de ignorancia con un solo tuit o comentario. Ocurre que este presentador tiene un programa en una televisión pública. Pero hay quien defiende su continuidad: «Lo critican porque tiene mucha personalidad». Es una de las excusas más antiguas y baratas de la historia. A saber cuántas barbaridades se han dicho y cometido en nombre de la personalidad. Tira, que libras, que tú tienes carácter. Pero, últimamente, parece que hay que comprar las mentiras como si fueran síntomas de valentía y atrevimiento.

Como no se puede viajar en el tiempo, a los antivacunas ilustres les convendría un buen paseo por la epidemia de cólera del Yemen. O por esos países africanos y asiáticos en los que los padres darían cualquier cosa para inmunizar a sus hijos. Esa debería ser una vacuna eficaz contra la inconsciencia y el esnobismo. Porque en el siglo XXI seguimos sufriendo bastantes brotes de esas dos enfermedades.

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