Dimitir es un nombre ruso


Ayer descubrimos que la famosa amnistía fiscal de Montoro, esa que el PP siempre negó y que supuso un gran alivio para gente tan ilustre como los Pujol, Bárcenas, Rato y Granados, no solo existía, sino que incluso era inconstitucional.

La noticia impactó como un misil a media tarde. Y por unos minutos pareció abrir la puerta a una monumental revisión de cuentas opacas, para entusiasmo de la parroquia tuitera, siempre dispuesta a arder y a seguir la doctrina del juez Lynch en cuanto huelen a escándalo. Pero la ilusión se disipó poco después, cuando se supo que la decisión del altísimo tribunal no iba a tener efecto sobre los 30.000 contribuyentes que usaron esta norma para hacer aflorar y legalizar 10.000 millones de dinero oculto fuera del país. Muchos defraudadores podían estar tranquilos.

Todos los dardos se volvieron contra Montoro, vapuleado políticamente por una sentencia durísima. El PSOE, promotor del recurso, pidió su cabeza. También lo hicieron muchos ciudadanos en las redes, que recordaron cómo en España casi nadie asume responsabilidades políticas de la misma manera que en Europa. Y nos hicieron rescatar una vieja propuesta. Aquella que pedía a la RAE incluir en el diccionario una nueva acepción para la palabra dimitir, aquella que dice, de forma jocosa, que «es un nombre ruso».

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