Recuerdo un entrenador americano que tuve hace ya unos cuantos años, al cual, durante la temporada deportiva, le extrañaba que el pabellón donde entrenábamos estuviese cerrado en depende qué fechas, que casi siempre coincidían con festivos locales, autonómicos o nacionales, ya que el operario encargado de abrirlo no estaba operativo o no había nadie que le sustituyese. En otras ocasiones, las menos, el motivo era la convocatoria de alguna huelga, bien de funcionarios si la instalación era municipal, bien de los empleados de alguna empresa propietaria del pabellón deportivo.
El caso es que al hombre le llamaba la atención la cantidad de días inhábiles que tenemos en nuestro país por muy diversas causas y la verdad es que, en marco comparado, no muchos Estados cuentan con un calendario tan cargado de jornadas no hábiles o no lectivas como aquí.
Mucha gente cambia la hoja mensual del calendario buscando los días festivos en el lugar en donde vive y, al menos, todos los meses cae alguno, sin excepción. Y ya no hablo de las vacaciones de Semana Santa, de los Carnavales, la Navidad, puentes como el Primero de Mayo, Difuntos, de la Constitución... muchos de ellos vinculados a fiestas religiosas.
Cuando uno tiene una edad temprana está deseando que llegue un día festivo para amortiguar el esfuerzo laboral o académico de la semana o del mes. Sin embargo, cuando se va creciendo, los días festivos pueden resultar hasta molestos, sobre todo si se trata de un empresario o un autónomo, ya que son días improductivos en los que si no se trabaja, no se gana. O también porque son días con más ocio que hay que cubrir con el esfuerzo económico que ello conlleva.
Distintas voces se han alzado denunciando la proliferación de días festivos en nuestro país e incluso ha habido intentos de acercar estos a los fines de semana para que no se pierdan días entre uno y otros, a modo de puente cuando no de acueducto, como sucede, por ejemplo, en diciembre.
Resulta evidente que el festivo es un premio, un incentivo para el estudiante y para el trabajador, e incluso debería servir de descanso también para el empresario o el autónomo y, en ese sentido, los españoles somos unos afortunados. ¿O no tanto?