Aunque el título parece relacionarse con la moda de estos tiempos, ya saben, esa de evitar al fisco a través de Andorra o Panamá, en realidad se refiere al extraordinario placer de estar en Babia, pensar en los biosbardos o, según los más poéticos, soñar despierto. Y, en definitiva, pretende responder a una pregunta: ¿qué pasa en el interior de la cabeza cuando tu mente divaga?
Aunque estar en Babia ha sido tradicionalmente considerado como estar en off, sin mayor oficio ni beneficio para la actividad mental, la realidad es bien distinta y el cerebro sigue trabajando muy duro. De hecho, un grupo particular de regiones cerebrales realmente aumentan su actividad y hablan más entre sí cuando no estamos enfocados en una tarea. Esto se conoce como la red neuronal por defecto y lo que es especialmente interesante es que incluye áreas en principio muy diferentes, alejadas entre sí y con diversas funciones tan relevantes como el control de nuestros actos o la memoria.
Una teoría relaciona a ese deambular errante de la mente con la introspección, es decir, el mundo interior y los correteos íntimos de la conciencia. Esto incluye cualquier pensamiento no directamente asociado con el exterior. Y la verdad es que muchas de nuestras horas de vigilia están compuestas por un trasiego de las neuronas independiente de los estímulos de fuera, ya sea soñando despiertos, planificando nuestras acciones futuras, revisando recuerdos o simplemente escuchando a los pensamientos. Y lo que es más fascinante, la mayoría de nuestra actividad cerebral es automática, inconsciente y ajena al control voluntario.
Otros defienden que esa actividad es la base desde donde se construye todo nuestro trabajo de procesamiento y mantenimiento de la información y, mientras deja el pensamiento consciente a un lado, representaría una estrategia del cerebro para consolidar las experiencias y para reaccionar con eficacia al medio ambiente. Estamos expuestos a un bombardeo constante de información desde el exterior, quizás la red por defecto sea la encargada de seleccionar, ordenar, clasificar y darle sentido a todo sin que lo sepamos, algo así como los Men in black de nuestros menudillos, eficaces, sorprendentes, pero transparentes para la humanidad.
Aunque los neurocientíficos no nos hayamos puesto de acuerdo sobre el significado de esta actividad cerebral, está claro que analizarla y, si se diera el caso, modularla, podría tener una gran utilidad. Cada vez tenemos más evidencias de que varios trastornos neuropsiquiátricos como el TDAH, el autismo, la esquizofrenia o la depresión muestran un funcionamiento anormal de esa red.
Al final, la neurociencia, puede dar esperanza para el futuro a la vez que proporciona una base sólida para la reflexión y la meditación, y demuestra que los italianos tampoco andaban desencaminados con las virtudes derivadas del dolce far niente.