Ni feminista


Sostiene Paula Echevarría que no hay que ser ni feminista ni machista. Cree que los extremos nunca son buenos y que ya va siendo hora de abandonar las barricadas. Que las mujeres no tenemos nada que demostrar y que ponerse a recordar los asesinatos o las discriminaciones salariales es, en fin, un rollazo súper pesadísimo. A Paula le parece que ya no hay que ser tan reivindicativas, que con un poquito llega, puede que ese poquito que a ella le permite ser una mujer anuncio, porque yo lo valgo.

Tiene razón Paula. El feminismo es un rollo total. Tanto rollo como el machismo, que ella sitúa en los extremos del mismo pensamiento, lo que demuestra no solo el alcance de su compromiso sino también de su inteligencia. 

Es cierto, Paula Echevarría. Es igual denunciar que cada año mueren miles de mujeres por el hecho de serlo que decir de Macron: «Es un chico guapo con una madre muy guapa», como acaba de observar el sagaz Berlusconi. Es igual denunciar que cada año violan a miles de mujeres que considerar que la crianza de la prole es cosa de chicas. Es igual denunciar que cada año miles de mujeres cobran menos por el hecho de serlo que indignarse si te sugieren que cojas una sartén porque tú eres un XY de pelo en pecho. Es igual denunciar que cada año miles de adolescentes son controladas y amenazadas por sus novios que suponer que la médica es la enfermera o que tu compañera es tu propiedad. Y así. Un rollo. El mismo rollo por el que las sufragistas consiguieron que el voto fuese universal; por el que los obreros humanizaron el trabajo en las fábricas; por el que los esclavos dejaron de serlo y por el que los pobres aspiran a una vida digna. Un auténtico e increíble rollo que ha hecho de la humanidad un sitio un poco más habitable, Paula.

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