La ventana de Overton


A través de la libertad de expresión y del Twitter se puede avanzar hacia una deshumanización que borra los límites que hasta ahora nos habían protegido de la autodestrucción

«Llega un punto en que la tolerancia deja de ser una virtud». Edmund Burke.

Estaremos de acuerdo en que este tiempo de posmodernidad, posverdad o como quieran llamarlo, se caracteriza por el derrumbe de los grandes ideales de siempre y con ellos de las fronteras que hasta ahora nos señalaban el límite entre el bien y el mal.

Existe un manera de ampliar esos límites en la sociedad de la tolerancia hasta extremos impensables y lo explica muy bien el politólogo Joseph Overton a través de su famosa «ventana». Pueden consultarla en el Espasa, perdón, en el Google.

Básicamente describe los siguientes pasos: hay que pasar de lo intolerable a lo radical, es decir, hacer de un tabú una realidad aceptable y aceptada. Para romper el tabú de la pederastia, el canibalismo, la zoofilia o el matrimonio entre humanos y mascotas, primero hay que crear un grupo de radicales que se muevan por Internet y transmitan sus memes (ideas) a la población; es necesario embozarse en la libertad de expresión y conseguir darle un barniz científico al tabú organizando algún simposio antropológico-histórico-sociológico sobre el tema para que la cuestión deje de ser un tabú y comience a discutirse.

En el caso de que alguien se atreva a considerar el asunto como algo impensable, hay que tacharlo de hipócrita intolerante y crear un eufemismo que disocie la palabra del significado que siempre tuvo: antropofagia en vez de canibalismo, paidofilia en lugar de pederastia, derecho a decidir en vez de secesión, etcétera. Hay que crear referencias históricas, médicas, míticas o inventadas que hagan de lo que fue un tabú algo legítimo que puede ser discutido y legalizado.

Una vez conseguido lo aceptable, hay que hacer de ello algo sensato; para ello se tiene que justificar con argumentos del tipo «las sociedades primitivas lo practicaron», «para los griegos era algo normal», «todos los mamíferos...», etcétera. Si alguien lo discute, se le identifica como militante de un radicalismo que solo pretende exterminar a las minorías, fachas agresivos e intolerantes.

Y ya solo queda pasar de lo sensato a político. Es el momento de comenzar a preparar la legislación para admitirlo y regularlo, so pena de volver a ser un reaccionario y desoír la voz de las mismas minorías.

La ventana de Overton se abre ya de par en par y a través de la libertad de expresión y del Twitter se puede avanzar hacia una deshumanización que borra los límites que hasta ahora nos habían protegido de la autodestrucción.

No consulten el Espasa, solo jueguen a identificar qué planteamientos políticos se asoman hoy a la ventana.

Luego decidan si cantar el Clavelitos o lanzarles una pedrada. Sin acritud.

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