Iglesias, tan listo e incomprendido


Siempre sucede lo mismo. Aparece un escenario lleno de oportunidades, y, mientras la mayoría de los líderes echa mano a sus ocurrencias, sin estudiar el problema, el profesional Pablo Iglesias se enfrasca en sus libros, hace esquemas y diagramas, descubre la piedra filosofal, y, en un alarde de transparencia y cooperación, propone una acción fulgurante para salvar a España y beneficiar a la gente. ¿Y qué pasa? Que, en vez de comprender su patriotismo científico, y alabar su liderazgo, salen los analfabetos políticos a despreciar al genio, hasta ningunear sus ansias de asentar en Celtiberia una nueva política hecha para la gente. Y así no hay salvapatrias que valga, ni una Arcadia feliz para un pueblo trabajador humillado por la casta. 

Sin embargo, lamento decirlo, Iglesias tiene razón. Porque él sabe mejor que nadie que, en una coyuntura tan deteriorada por la corrupción, después de una legislatura dilapidada a manos del populismo, y de otra legislatura sumida en la ingobernabilidad más desleal, deplorable y estéril, la mayor y más eficaz amenaza que cabe urdir contra el sistema democrático español es una moción de censura, avalada por una coalición de perdedores cabreados y heterogéneos, que dé al traste con las escasas posibilidades que nos quedan de ser gobernados a puro ralentí. Tampoco se le oculta al espabilado Iglesias que la ocasión la pintan calva, y que los trenes solo pasan una vez. Y por eso propone aprovechar el momento para generar un caos patriótico y revolucionario, hacer inviable cualquier solución electoral o de consenso, y forzar la entrada de un Gobierno populista, coñón e irresponsable que deje a España maltrecha para dos espeluznantes decenios.

Iglesias sabe que una moción de censura es la única forma infalible de desbancar al PP; de llenar España de indignados subvencionados y de okupas protegidos; de convocar referendos ilegales en naciones Lilliput; de poner el país en manos de empresarios acosados, de prensa controlada, de deuda fallida y de moneda caprichosa. Y sabe también, porque para eso estudió, que su ansiado paraíso solo puede construirse -corruptio unius generatio alterius- sobre un gran caos instrumental y una miseria constituyente.

¡Y tiene razón don Pablo! Porque, ¿qué sentido tienen los bloqueos infantiles cuando se puede volar el sistema en una sola pasada? Rajoy no va a ceder, lo sabemos todos, a pellizcos y zancadillas. Y por eso ha llegado la hora de seguir el ejemplo de Trump y usar la GBU-43 de la política, la moción de censura, para destruir un mundo y engendrar otro. Pero solo el valiente Iglesias se atreve a proponerlo ante la incomprensión y la envidia de sus cobardes compañeros de bloqueo. Y por eso Rajoy sigue ahí, imbatible, gobernando como un cortijo esta España atrasada y hambrienta que solo Iglesias quiere redimir.

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Iglesias, tan listo e incomprendido