Cacas e idiosincrasia

Luis Ferrer i Balsebre
LUIS FERRER I BALSEBRE EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

En una conferencia reciente el filósofo esloveno Slavoj Zizêc -un tipo histriónico, desmesurado, muy ocurrente y provocador- disertó sobre la relación de los excrementos con las ideologías, distinguiendo entre las culturas francesa, anglosajona y germánica, según la forma que tiene cada una de tratar sus deposiciones.

El tema suena escatológico, pero es inteligente y da mucho que pensar. Dice Zizêc que en la época de Hegel estaba de moda afirmar que había «una trinidad europea», esto es, que Europa estaría estructurada como entidad espiritual en tres polos, cada uno de los cuales representaba una nación establecida, una actitud concreta y un determinado nivel de vida. De este modo, los alemanes son políticamente conservadores, para ellos la vida es poesía, pensamiento, contemplación.

Los franceses, por su parte, son revolucionarios de izquierdas en el terreno político. Los ingleses, en cambio, tienen la economía como estilo de vida y son liberales moderados en política.

Paralelamente a esto, señala Zizêc que quien haya viajado por Europa habrá observado que los inodoros de los cuartos de baño son diferentes: los de los franceses tienen situado atrás el agujero para el excrementos, para que este caiga directamente dentro y desaparezca ipso facto. Los de los ingleses son del tipo donde el excremento flota un rato en el agua antes de desaparecer.

Y los de los alemanes -recuerda el filósofo alemán- tienen el agujero en la parte delantera para que el excremento permanezca y no se pierda esa vieja tradición germánica de inspeccionar cada mañana el excremento buscando en él algún rastro de enfermedad antes de descargar el agua.

Según Slavoj Zizêc, el ciudadano francés en política es tan radical como tratando sus excrementos: caen y desaparecen, como la guillotina, como Sarkozy.

Los anglosajones son pragmáticos: «Dejémoslo flotar un ratito a ver cómo se comporta y luego, si no interesa, hacemos un Brexit». Los alemanes son más conservadores y contemplativos: lo contemplan, lo analizan, le dan vueltas y vueltas antes de deshacerse de ellos si no tienen importancia. Así lo hace Merkel con la dominatrix May.

Zizêc nos deja huérfanos de un retrato del español en el retrete, cosa comprensible si tenemos en cuenta que nuestra relación oficial con el inodoro es tardía.

El primer artilugio con agua corriente lo ideó Sir John Harrington en 1596 para su prima la reina Elizabeth I de Inglaterra. En 1775 Alexander Cummings inventó la válvula y el primer inodoro con agua casi perfecto no aparece hasta l850. El papel higiénico lo hace en 1857 y el primer rollo en l928.

Hasta bien entrado el siglo veinte nosotros funcionamos con el humilde orinal o el violento «agua va», consistente en arrojar los detritus por la ventana.

Quizás por el retraso en la incorporación del retrete la ideología en España siga siendo actualmente más parecida al uso del orinal, es decir, lo escondemos debajo de la cama o, cuando se puede, se lo lanzamos al primero que pasa.