Hace unos días celebrábamos el dato histórico de que nuestras exportaciones en 2016 superaron los 20.000 millones de euros en el 2016, un 6,4% más que en el 2015, con Galicia como tercera comunidad autónoma en nivel de crecimiento, siendo el del conjunto de España un 1,7 % (exportaciones por un valor de 254.000 millones de euros). Y debemos alegrarnos de este crecimiento que supone para Galicia el 8 % del total de las del conjunto del Estado cuando su PIB no llega al 6 % y la población tampoco. En cuanto a las mercancías de mayor incidencia, continúan concentrándose en automoción, textil-confección y buques; y los destinos, en Francia, Portugal, Italia, Reino Unido y Alemania con algún ligero crecimiento en Japón, Estados Unidos y la India.
Conviene recordar que la internacionalización también comprende los servicios como turismo, logística, transporte, diseño o asesoramiento, así como la localización o deslocalización de procesos de producción que suponen la captación de inversiones del exterior o realización de inversiones gallegas en el extranjero.
No cabe duda de que, en momentos de desaceleración del comercio mundial, crecer en nuestras exportaciones es alentador, pero no podemos olvidar la influencia positiva que supone la apreciación del dólar respecto al euro, que sin duda tenemos que aprovechar, la parte de incremento de la competitividad derivada de unos salarios lamentablemente más bajos por la crisis (a pesar de haber subido la productividad) y la reducción relativa de la demanda interna que obliga a las empresas a buscar nuevos mercados.
Y estas circunstancias no van a permanecer mucho tiempo, al menos en su totalidad, por lo que debemos aprovechar este viento de cola para introducir con celeridad los cambios estructurales que mejoren los condiciones para que un mayor número de nuestras empresas adquieran tamaños más competitivos e incrementen las estrategias de internacionalización en su sentido más amplio, tanto en cuanto a una mayor diversidad de mercancías y servicios (nuestros recursos endógenos son muy importantes, pero necesitamos incrementar el proceso de añadirles valor) como en una mayor diversificación de los destinos. Además de mantener nuestros mercados en la UE (independientemente del brexit, que no nos puede parar, y los populismos que incrementan la incertidumbre), tenemos que orientar más nuestros esfuerzos a países cuya demanda interna crece con más intensidad que la media del mercado global, especialmente China, India, Indonesia, la Europa no comunitaria, Latinoamérica y Oriente Medio y, desde luego, Japón, Canadá, Australia o Estados Unidos (a pesar del hipotético proteccionismo del presidente Trump que el Partido Republicano tendrá que reconducir).
Pero, además, en lo que tenemos que plantear estrategias llenas de creatividad con gestiones y acciones rigurosas y constantes por parte de las Administraciones públicas y las empresas es en la captación de inversiones productivas en Galicia procedentes del exterior, verdadero talón de Aquiles de nuestra internacionalización. Además de estimular a los inversores y empresarios gallegos para que incrementen sus inversiones en nuestra tierra, tenemos que poner Galicia a tono para captar con mucha más intensidad inversión productiva de empresarios extranjeros. Eso sí que es una Galicia internacionalizada de verdad. Solo incrementando la localización empresarial en Galicia, con el consecuente crecimiento más acelerado de nuestro valor añadido global, es posible crear más empleo para nuestra gente y para una inmigración adecuada en cantidad, calidad e integración que nos ayude a corregir nuestro mayor problema, la situación desequilibrada de nuestra demografía. Todos tenemos que ser conscientes de que sin una pirámide poblacional equilibrada, no hay país.