Gordos


Otra más. Otra polémica. Pero esta vez de las gordas. De las que desatan discusiones acaloradas. De esas que uno recuerda durante años. De las gordas. Tan gordas como gordo fue el argumento que ha desatado esta locura. Locura de las gordas. Gordo, en realidad, fue el argumento que utilizó Mercedes Milá para rebatir las explicaciones de un científico de prestigio, pero de prestigio de los gordos, sobre una enzima. Que dicen en un libro que además de enzima, es prodigiosa.

De ese prodigio -de la falta de prodigio- quería hablar José Miguel Mulet. Que no. Que no hay enzimas milagrosas. Se lo dice un bioquímico, que trastea todo el día con ellas. Que tiene un laboratorio en el que no, no se ha obrado el milagro enzimático. Y el libro ese que defiende huele de lejos a patraña pseudocientífica. Patraña de las gordas. Pero claro, fue una imprudencia. Una imprudencia, por cierto, bastante gorda. Porque la Mila, ante la tormenta de argumentos contra la enzima que a ella tanto le enamora, tuvo también una contrarréplica. Atención. Es de las gordas. Que Mulet está gordo. Así que más adelgazar y menos culturizar. Ahí la dejó. La estupidez supina. La demostración de que no tenía argumentos. Así que tiró de tontería. De tontería de las gordas. Arrastrando al lodo una vez más el debate científico. Dando pábulo a las pseudociencias. Una pena. Pero pena de las gordas.

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