Heridas y rencores


Dado el elevadísimo sentido del humor y de autocrítica que le asiste al camarada secretario general Pablo Iglesias, no descarten que en algún momento de la asamblea de Vistalegre se arranque y entone el conocido Olvídame y pega la vuelta de Pimpinela. Ya lo hizo en Badalona para mofarse de las malas relaciones de Rajoy y Mas, y quizás vuelva a hacerlo, pero esta vez para referirse a las suyas con Errejón.

O puede también que el idolatrado camarada recurra al tic-tac-tic-tac que ya utilizó en Valencia para marcarle la cuenta atrás a Rajoy, pero en esta ocasión dedicándoselo a sí mismo.

Porque lo mejor que puede ocurrir es que quienes acudan a Vistalegre, Pablo Iglesias incluido, se tomen la cosa con sentido del humor. Porque las heridas que se infligieron, la idolatría del líder, el encumbramiento, las conspiraciones y deslealtades y las amenazas de o se hace lo que digo o me voy, van a pasarle factura a aquel esperanzador movimiento que convirtió una gran parte del descontento ciudadano en un partido. Va a ser casi imposible que salgan del cónclave sin heridas y sin rencores. Y tan complicado como que puedan seguir ilusionando a esos cinco millones de ciudadanos que los apoyaron. Llegaron impartiendo lecciones de comportamiento, ética y estética y, como todos los demás, quedan desautorizados para seguir haciéndolo.

Una lástima, porque gane quien gane en Vistalegre, todos pierden. También el sistema político que nos hemos dado.

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