¡Estás despedido!


Desde 1987, Donald Trump ha publicado dieciocho libros y conseguido amplio reconocimiento social: finalista en los premios Grammy por su programa televisivo El aprendiz (competían 18 aspirantes a empresarios de éxito a los que iba eliminando con un imperativo «¡estás despedido!» que lo lanzó a la fama); premio al Liderazgo, del Cuerpo de Marines; una estrella en el paseo de la Fama de Hollywood; dos doctorados honorarios en sendas universidades; Hombre de Estado del año; premio de la Libertad e, incluso, una nominación para el Nobel de la Paz. En el 2011 fue considerado uno de los diez hombres y mujeres vivos más admirados (encuesta de USA Today/Gallup), y recientemente, ya ganador de las presidenciales, el Financial Times lo designó como persona del año y Forbes lo consideró la segunda persona más poderosa del mundo, después de Vladimir Putin...

Por más epítetos descalificativos que se le dediquen, no cabe duda de que no estamos ante un advenedizo, sino ante alguien que quería, sí o sí, ser el líder mundial que eliminase cualquier vestigio de la cultura político-humanística conseguida por los países más civilizados, tras dos terribles guerras mundiales. Y es que además de exitoso hombre de negocios, este hijo y cónyuge de emigrantes, presbiteriano, terco y con evidentes trastornos de personalidad, parece predestinado. Su nombre de origen gaélico, Domhnall, significa nada menos que gobernante del mundo y fue frecuente entre reyes escoceses en la Edad Media.

Mientras, el papa Francisco parece empeñado en contraprogramar las tendencias que salen de factorías ultraconservadoras. Trump personifica lo opuesto a todo aquello que el papa propugna: compasión y justicia para los excluidos; capitalismo salvaje como culpable de la actual crisis mundial; exigencia de atención y justicia para los migrantes de cualquier origen, procedencia o motivación; profesión de fe ecologista y mandato de cuidar la Tierra... Una leyenda urbana afirma que en los pasillos vaticanos se repasa, con lupa, el libro del Apocalipsis donde se anuncia la llegada de un gran líder mundial, procedente del mundo gentil, que tendrá una dictadura suprema sobre toda la Tierra, tanto política como espiritual y económica (Daniel 9:26-27, Apocalipsis 13:8, P-333, Génesis 11:1-9). No me atrevo a escribir el apelativo con que lo nombran (ya se lo imaginan). Pero estamos hablando de una leyenda. En realidad, posiblemente estén buscando la fórmula magistral por la que pueda aplicarse a Trump la orden que él mismo popularizó: amiguito ¡estás despedido!

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
23 votos

¡Estás despedido!