Lecciones de Feijoo a Sánchez y compañía

Xose Carlos Caneiro
Xosé Carlos Caneiro EL EQUILIBRISTA

OPINIÓN

30 ene 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

En la página 395 de uno de mis libros de cabecera, Vida de Samuel Johnson, que tantas veces he citado, el biógrafo James Boswell recuerda al lector un proverbio de abisal profundidad: uno puede guiar el caballo al agua, pero no puede obligarle a beber. Me quedo con tal sentencia en el preámbulo de esta columna que pretende ser, dictada por un profano, una catequesis en torno al arte de la política.

Núñez Feijoo y Pedro Sánchez son la tesis y la antítesis, los contrarios de Nietzsche flotando en el río de Heráclito (que nunca se detiene y fluye). Si Pedro Sánchez se mirase en el espejo de Feijoo, que llegó a la presidencia del PP de Galicia hace este enero once años, sacaría conclusiones de un elevado didactismo. La primera es que autocompadecerse no es verbo propio de la política. Núñez Feijoo no lo hizo en aquellas primarias populares de hace once años frente a sus oponentes (López Veiga, Cuíña y Barreiro), a priori con más posibilidades que él de resultar elegidos. El proceso fue largo. Y en él se fueron difuminando las opciones de sus oponentes. Ganó porque no hizo del lamento su estrategia, como Sánchez, que se proclama víctima del «aparato» socialista. Ganó porque presentó un porvenir no anclado en la queja, sino en la apuesta por las propias capacidades: del país y de su partido. Sánchez hace lo contrario. Ni cree en el país ni en su partido: por eso se pliega al podemismo (su compañía) y elige la hostilidad en lugar de la concordia; por eso destrozó al PSOE, llevándolo a los peores resultados de su historia. Y no bastándole una vez, lo hizo un par: para demostrar que quebrando era un portento. No aprovechó la primera lección del único político español de relevancia que a estas alturas, y ya son muchas, ha ganado todas las elecciones (partidarias o públicas): Núñez Feijoo.

El presidente gallego, no obstante, le ha otorgado a Sánchez una lección aún más poderosa que la anterior: la prudencia y la mesura. Mientras el gallego -con mayoría absoluta- y la semana pasada sin ir más lejos, ofrece pactos a la oposición en materias diversas, el madrileño solo quiere pactar con el espejo para preguntarse si hay uno más estupendo que él. Mientras Feijoo traza hojas de ruta a largo plazo, a sabiendas de que las mayorías absolutas son difíciles de alcanzar y en ocasiones gravosas, Sánchez se sube al utilitario del presentismo para intentar perpetuarse. No lo conseguirá. Y no porque sea un perdedor, que lo es, sino porque en su partido ya han visto sus mañas. No han gustado sus maneras altivas y, muchísimo menos, sus destrozos. No picarán el anzuelo. Aunque es probable que en todo esto repose una estrategia sibilina: ¿Patxi López se ha lanzado primero para retirarse después? No importa. El resultado será el mismo. Porque uno puede llevar el caballo a la fuente. Obligarlo a beber es otra cosa.