Y empezó a llover


Acertó de pleno Mariano Rajoy al vaticinar que «va a llover». Demuestra conocimiento y control de cuanto ocurre en el país, porque fue decirlo e inmediatamente comenzaron las lluvias. Podía el presidente haberse aventurado a otras predicciones y decir que va a nevar, que vendrá el calor, que se llenarán los embalses e incluso pudo decirnos que habrá un eclipse de luna y otro de sol. Pero, con su recato y humildad habituales, prefirió no ir tan lejos.

Los gallegos tenemos un sentido especial para esto de la climatología y para implorar lluvia. A nadie se le ocurre que un murciano o un andaluz tengan nuestra familiaridad con los aguaceros y, claro, no pueden esperar que sea el agua la que les solucione el problema. Ahí está Fátima Báñez, que hubo de encomendarse a la Virgen del Rocío para combatir el paro. Rajoy, no. Rajoy, como muchos de nosotros, es de la escuela meteorológica de Santiago Pemán, el de la Gallega, y sabemos perfectamente que va a llover, que hará sol y que vendrán temporales. Cada cosa a su tiempo.

Muy diferente es lo del precio de la energía, que en eso estamos todos un poco pez. También el presidente. Porque, por mucho que lo intente, es incapaz de explicarnos cómo el país que disfruta de más horas de sol paga una de las energías más caras de Europa; cómo los gallegos, produciendo como producimos, la pagamos igual que el que no crea ni un solo kilovatio; y cómo se disparan los precios precisamente los días de más frío. Pero esto no se puede aclarar por mucho que se sepa de meteorología, porque lo del precio de la luz pertenece a otra ciencia. A la de la piratería.

Solo siendo especialista en puertas giratorias se explica el atropello de las eléctricas. Nos están expoliando y aún les debemos 23.000 millones. Esto no hay meteorólogo que lo aclare.

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Y empezó a llover