Avanza el empleo, retrocede el paro

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

El paro registrado experimentó en el 2016 el mayor descenso anual de la historia: 390.534 españoles desaparecieron de esa lista negra. Como uno ya está escarmentado, cada vez que recibe una buena noticia la sopesa, la evalúa detenidamente y mira su envés. En este caso, con mayor motivo, ya que el desempleo remite por varias razones: porque el parado encuentra trabajo, porque se muere, porque emigra o simplemente porque, desanimado, desiste de buscar una nómina. Así pues, le doy la vuelta a la moneda y observo su otra cara: la del empleo. Y resulta que allí encuentro un dato aún más gratificante. El número de ocupados -afiliados a la Seguridad Social- aumentó en 540.655 personas en un año, cifra nunca alcanzada desde hace una década. Ahora sí que no pondré la mínima tacha al excelente registro. El mercado laboral no solo rescató a más de 390.000 personas arrojadas a la cuneta por la crisis (y las políticas), sino que acogió a otras 150.000 que llamaban a su puerta.

Existe, pues, un buen pretexto para descorchar en Reyes las botellas no consumidas en Nochevieja. Pero con una advertencia. Como españoles, podemos brindar con champán francés. Como gallegos, debemos hacerlo con un cava menos ostentoso. Galicia avanza a menor ritmo que el resto de España. Es cierto que el paro se redujo una pizca más aquí que allí (un 10 % y un 9,5 %, respectivamente), pero el empleo creció allí el doble que aquí (3,1 % y 1,9 %). Tiene la comunidad autónoma casi 23.000 parados menos que hace un año, pero solo se crearon en ese período 17.600 puestos de trabajo. La población activa, aquella que trabaja o que está en disposición y edad de hacerlo, se ha achicado. Hay más de cinco mil gallegos tachados de las listas del paro no porque hayan encontrado trabajo, sino por alguna de aquellas otras razones, enumeradas al principio, que nada nos agradan.

Puesto que hoy toca celebrar el avance del empleo y el retroceso del paro en el último año, no hablaré de las nubes que despuntan en el horizonte, esas que los meteorólogos oficiales denominan incertidumbres. Tampoco insistiré, para no hacerme pesado con la matraca, en el significativo hecho de que la mejor cosecha económica se recogió en un año con Gobierno en funciones. Me limitaré a brindar por el éxito y a desear que, al tiempo que crece el empleo, también se recuperen los salarios, sumamente enflaquecidos tras una brutal dieta adelgazante.

El ministro De Guindos considera probable que los sueldos suban este año, impulsados «por el ciclo económico». Confíen, pues, en el ciclo los doce millones de trabajadores de la empresa privada o los tres millones de autónomos. Y rueguen a las alturas que el Gobierno, o las recomendaciones del FMI, o las directrices de Bruselas, no les quiten lo que el ciclo les promete. Para los demás, diez millones de pensionistas y tres millones de funcionarios, siento decirlo: no hay ciclo que valga. Este año bajarán sus pensiones y salarios reales, lo que significa que perderán poder adquisitivo.