Hay quienes se toman muy mal que le restrinjan su capacidad de circular en coche. Algunos van más allá y presentan cualquier prohibición por parte de las autoridades como un atentado a la libertad. Incluso hubo un presidente del Gobierno que dijo que a él nadie le podía decir las copas de vino que tenía que beber y sostuvo que no le gustaba que le impusieran a qué velocidad tenía que ir. Igual pasó cuando se prohibió fumar en ciertos espacios públicos. Los liberales fundamentalistas, de derechas claro está, han hecho suyo de forma obscena el lema anarco de los revolucionarios de mayo del 68, «Prohibido prohibir».
La medida de Manuela Carmena de restringir el tráfico en Madrid es impopular, porque crea molestias e incomodidades a los ciudadanos que votan. Es decir, se aleja de las decisiones políticas que buscan réditos electorales, como por ejemplo bajar los impuestos o dar cheques bebés antes de las elecciones. Además, la alcaldesa ha osado desafiar uno de los mayores símbolos de la sociedad de consumo y de la autonomía individual, el coche. Oyendo a algunos parecería que la contaminación es culpa suya.
Esperanza Aguirre, la misma que pensaba que su libertad llegaba hasta el extremo de aparcar en prohibido en plena Gran Vía, asegura que se trata de una medida ideológica. Sin embargo, la propia Aguirre declaró cuando era candidata a la alcaldía que no le temblaría la mano para imponer restricciones al tráfico por alta contaminación, porque «las ordenanzas están para cumplirlas».
¿Qué razones ideológicas tendría Carmena para tomar una medida que le pone a mucha gente en contra? ¿Quizá se trata de una maniobra para socavar el capitalismo? ¿De una treta comunista contra la libertad? ¿De una muestra de fobia anticoches? ¿O es una forma sibilina de potenciar lo público, en este caso el transporte, frente a lo privado, el sacrosanto coche? Es tan simple como que se ha activado un protocolo establecido para casos de emergencia de salud pública. En todo caso, se podrá discutir si dicho protocolo es acertado o no, si la prohibición de circular según las matrículas funciona o no, si la gestión de la medida ha sido buena o no. La cuestión es si han bajado o no los niveles de contaminación. Pero presentar el ensayo general que se vivió en Madrid como si fuera una conspiración judeomasónica o un ataque a la libertad resulta ridículo. Con la salud no se debería jugar ni hacer partidismo barato.