La posverdad y la neoderecha

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

26 nov 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha impulsado el uso de algunas voces de reciente creación. Quizá la más significativa sea post-truth, que ha sido elegida palabra del año por el diccionario Oxford. Este la define como ‘relativo a circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales’. En España, donde se traduce como posverdad, se usa más para referirse al desprecio por la verdad en la construcción del discurso.

La voz inglesa fue acuñada por Steve Tesich, que la empleó por primera vez en un artículo que publicó en 1992 en The Nation: «Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad». La campaña del brexit en el Reino Unido estuvo trufada de medias verdades y mentiras absolutas, y sobrada de apelaciones a los sentimientos nacionalistas de los británicos. Ello reactivó el uso de post-truth, que cobró aún más fuerza con la campaña electoral estadounidense, donde la posverdad fue especialmente útil al candidato Trump. Este explotó miedos colectivos y recurrió al rechazo a los inmigrantes y a los musulmanes, al etnonacionalismo y al populismo. Su amor por los hechos objetivos se puso de manifiesto en afirmaciones como que Obama no había nacido en el país o que el aún presidente fue el fundador del Estado Islámico.

Hoy vemos aplicado el término posverdad a realidades más próximas, como, por ejemplo, los relatos históricos, económicos y de otras clases que el independentismo catalán emplea como justificación de sus reivindicaciones.