El gran dictador


Los programas electorales están para cumplirse. Venimos expresando nuestra decepción y disgusto porque en España los programas se convierten en papel mojado tan pronto quien los firma alcanza sus objetivos. Mira que no le han caído palos a Mariano Rajoy por incumplir todas sus propuestas, y más aún cuando se permitió decir que las incumpliría las veces que hiciese falta.

En Estados Unidos, no. Allí los candidatos son mucho más rigurosos en eso de los programas. No solo los cumplen, sino que los mejoran. Por eso llama poderosamente la atención que nos deprimamos cuando Donald Trump nos anuncia otra vuelta de tuerca a sus proyectos. Nos sorprendemos y escandalizamos cuando vemos que se rodea de los más reaccionarios, belicistas, homófobos, racistas; de los más extremistas halcones y se asocia con los más peligrosos líderes mundiales. Lo mismo que cuando, como hizo ayer, anuncia que romperá el tratado comercial del Pacífico, impondrá más restricciones en inmigración, reducirá las regulaciones financieras y eliminará restricciones en el desarrollo energético. Es decir, cumplirá con su programa al pie de la letra.

Tenemos un problema y debemos de ser conscientes porque Trump no es una amenaza; es una realidad. O hacemos como Chaplin y nos tomamos a guasa las butades del gran dictador, o empezamos a adoptar medidas para hacerle frente porque no vamos a librarnos de sus demencias. Ya decía Cervantes que «quien necio es en su villa, necio es en Castilla».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
29 votos

El gran dictador