La naturaleza del mal


Para combatir el mal se necesita comprender su naturaleza y su mecánica. La victoria de Trump es otro hito en una carrera que se remonta al Brexit del UKIP, que ya ganó las europeas de 2014, como Le Pen en Francia. Así podríamos recular cuando menos hasta los referendos francés y holandés de 2005 contra la Constitución europea, por no hablar del revolcón que están sufriendo el SPD y la CDU alemanes. ¿Qué tienen en común todos estos fenómenos? Rechazo de las clases populares a la inmigración, a la globalización y, como consecuencia, cerrazón nacionalista. En USA, UK, Holanda y Alemania no hay crisis. España, por su singularidad histórica, se sale de este patrón. Los antiguos votantes comunistas que se han pasado a Le Pen, o los laboristas al UKIP, explican a la perfección esta pauta.

Tienen miedo a la competencia porque se sienten desprotegidos. Ellos no son profesores con plazas blindadas, ni profesionales amparados por la necesaria homologación de títulos, ni gente cuya profesión depende de dominar correctamente el idioma o tener contactos.

Ellos son la señora de la limpieza, el repartidor, la asistenta doméstica, el reponedor del súper? que ven como los recién llegados incrementan la oferta y deprimen sus salarios, para luego volver a encontrarlos con sus hijos en sus centros de salud, ya que no tienen acceso a mutuas sanitarias privadas.

Son también los operarios de fábricas que ven como sus plantas tienen que competir en costes laborales, si no quieren ser deslocalizadas.

Es, en suma, la combinación del miedo a lo real y a lo esperado de este enorme grupo social, que ya no conecta con organizaciones dominadas por miembros titulados de otros grupos bien protegidos. Este miedo es aprovechado por gente sin escrúpulos e indecente. Gente que, por resumir, ya no es la vieja derecha de los valores familiares. El epítome es Trump. Que un doble divorciado y organizador de concursos de mises llegue a presidente del país occidental con mayor presencia pública de la religión es un salto enorme.

La gente que nunca leería a Samuel Huntington se comporta como predijo este en su Choque de civilizaciones y en Quiénes somos. Pero para combatir esta desgracia el buenismo elitista no solo no sirve, sino que es contraproducente.

El único antídoto para salvar la democracia y el Estado de Derecho es exportar más democracia y más Estado de Derecho. Exportar los valores de la Ilustración y la economía de mercado incompatible con los oligopolios.

Pero esto exige salir antes a la calle a explicárselo a la gente atemorizada, sin pedantería ni engolamiento. Si exportamos nuestro modo de vida los demás vendrán de turistas y no a eso que temen. Para ello hay que tener valor y valores. Recordemos a Roosevelt: De lo único que debemos tener miedo es del propio miedo.

Lo dijo un hombre postrado en una silla de ruedas, que sería carne del Aktion T-4 de los nazis, como Anne de Gaulle, nacida con síndrome de Down en Tréveris, Alemania.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
9 votos

La naturaleza del mal