Día de Difuntos en Ferraz


Pocas celebraciones hay en el año que conciten una mayor participación que la del día de los Difuntos, que hoy se conmemora. Aunque soy de los que sostiene que es una celebración de la que únicamente se benefician las floristerías, no existe familia que se precie que no acuda al cementerio a recordar a sus familiares muertos.

Pero hay llamativas excepciones. Sorprende que ningún dirigente, militante, simpatizante, allegado, díscolo o sublevado haya acudido estos días a Ferraz a colocar ante la sede del PSOE unas flores y honrar a una formación que se ha ido al otro mundo. Porque si alguien está difunto a estas alturas es el partido que más tiempo nos gobernó en España y que, según dicen algunos, serán los que creen en el más allá, aún aspira a hacerlo. O a los socialistas se les pasó desapercibido el día; o se fueron de puente; o aún no se han enterado de que su partido dejó de respirar; o piensan que esto de las flores es cuestión de religiones. Pero no es asunto de creencias porque prácticamente todo ser viviente acepta la celebración; ni tampoco es una cuestión de que encaje o no en el día. La situación actual del PSOE casa con todas y cada una de las diferentes denominaciones: Fiesta de los Difuntos, día de los Muertos, día de Difuntos o día de las Ánimas.

Nadie acudió a Ferraz a llorar por lo que un día fue y ya no volverá a ser. Y alguien debió de hacerlo. Tampoco cuesta tanto acercarse a la sede socialista, depositar un ramo de flores y dejar un epitafio. Les sirve cualquiera, pero puestos a ser exigentes, el que les viene al pelo es el de Rabelais. Aquel que dice: «Que baje el telón, la farsa ya terminó».

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