Tres entrevistas en La Voz se unen sin querer para ayudar a entender sucesos tan alucinantes como las peleas de Lugo. La primera es con María Victoria Carrera, psicopedagoga y experta en acoso escolar. Su frase es de las que no se olvidan. Simplifica e ilumina, que es para lo que sirve el talento. Dice Carrera que «sin espectadores, no habría peleas ni acoso». Y puede tener razón. El exhibicionismo es parte de la gasolina de esas peleas de gallos. Y las redes sociales, con los vídeos que hemos conocido, evidencian que sirven de tecnología multiplicadora de los egos y del disparate. No es que antes no hubiese matones, es que ahora encima pueden jalearse a través de los móviles. Ojo, el espectador no es pasivo. Anima, aplaude, grita, pone adrenalina. La educación de un chaval es tan compleja que llegamos a la segunda entrevista publicada estos días por La Voz. Es la de Gómez Noya, todo un pentacampeón del mundo, que confesaba que ya no ve lejos los días de formar familia. Un consejo para Noya, muchos padres le dirán que el día que tenga hijos va a necesitar toda esa fortaleza y más que le ha llevado tan lejos en el mundo del deporte. Criar a un niño es una aventura que puede a veces convertir una maratón en una exigente prueba física, pero sin el componente imprevisible de la reacción de tu hijo, lo que más quieres, cuando le intentas también marcar un límite o una meta. Y sin límites no hay educación. La tercera entrevista fue a otra figura mundial, el psiquiatra Luis Rojas Marcos. Dice Rojas Marcos que el cuarenta por ciento del individuo puede venir marcado por la carga genética, pero que el sesenta por ciento restante corre por cuenta de las circunstancias de cada vida y de lo que aprendamos. Maleducar es sencillo. Solo hay que mirar hacia otra parte. Consentir e intentar luego no sentir.